6 de diciembre de 2016

Hitchcock, Truffaut y la pasión del cine


(...)Este hombre, que ha filmado mejor que nadie el miedo, es a su vez un miedoso y, supongo que su éxito está estrechamente relacionado con este rasgo caracterológico. A todo lo largo de su carrera, Alfred Hitchcock ha experimentado la necesidad de protegerse de los actores, de los productores, de los técnicos, porque el más pequeño fallo o el menor capricho de cualquiera de ellos podía comprometer la integridad del filme. Para Hitchcock la mejor manera de protegerse era la de llegar a ser el director con el que sueñan ser dirigidas todas las estrellas, la de convertirse en su propio productor, la de aprender más sobre la técnica que los mismos técnicos...

(...)Todo esto nos conduce al suspenso que algunos —sin negar que Hitchcock era su maestro—consideran como una forma inferior del espectáculo cuando es, en sí, el espectáculo. El suspenso es, antes que nada, la dramatización del material narrativo de un filme o, mejor aún, la presentación más intensa posible de las situaciones dramáticas. Un ejemplo. Un personaje sale de su casa, sube a un taxi y se dirige a la estación para tomar el tren. Se trata de una escena normal en el transcurso de un filme medio.

Ahora bien, si antes de subir al taxi este hombre mira su reloj y dice: "Dios mío, es espantoso, no voy a llegar al tren", su trayecto se convierte en una escena pura de suspenso, pues cada señal de tráfico, cada frenazo, cada maniobra de la caja de cambios van a intensificar el valor emocional de la escena (...)

Francois Truffaut
(fragmentos del prólogo de "El cine según Hitchcock", legendario reportaje que el director de "Los cuatrocientos golpes" le hizo al maestro del suspenso)