27 de mayo de 2016

El mundo está en el horno: Trump cada vez más firme


Por Humberto Acciarressi

Hasta no hace mucho tiempo no era más que un monigote divertido, multimillonario excéntrico y avaro. Un homínido discriminador, xenófobo y racista con opiniones que pondrían feliz a Adolf Hitler, como las referidas a los inmigrantes, a quienes no piensan como él, a las mujeres, a los pobres, o a casi toda el Asia, el Africa y Latinoamérica. Hasta ha tratado con desprecio a sus correligionarios del partido Republicano, muchos de los cuales comparten la opinión demócrata de que se trata de un sociópata con una ideología basada en el odio. Pero los acontecimientos se sucedieron de tal forma, que Donald Trump acaba de conseguir los delegados que ya le garantizan vencer en la convención nacional republicana y de esa forma obtener la nominación a la Casa Blanca.

Este magnate de pensamiento medieval que necesitaba 1.237 delegados para el encuentro de julio en Cleveland, ya obtuvo 1.238 aún antes de las primarias en California y otros cuatro estados claves. Allí, como si fuera poco, se especula que obtendrá 303 delegados más. Trump, que habla de "resguardar la supremacía de la raza estadounidense" y tiene un odio encarnizado hacia los mexicanos (a quienes casi iguala en los discursos a los integrantes de ISIS), ya ha dejado de ser considerado un demente con peinado ridículo y pasó al cuarto a sus adversarios republicanos, varios de los cuales ahora están casi obligados a apoyarlo públicamente a falta de otro candidato.

Sin embargo hay algo que es todavía peor. En las encuestas de marzo y abril, la casi segura candidata demócrata Hillary Clinton, llevaba una ventaja de nueve puntos e incluso más. Los últimos sondeos, para sorpresa de muchos, colocan en un empate técnico a la esposa del ex presidente y a Trump (de acuerdo al sitio RealClearPolitics, el asunto está 43,4 a 43,2 a favor del hipermillonario). Y otros entre los considerados serios, como The Washington Post o la cadena ABC, ubican arriba por dos puntos a Trump. Hillary tiene además otra desventaja: aún debe dar pelea en el partido Demócrata contra el senador socialista Bernie Sanders, que se niega a bajarse de la carrera que culminará en noviembre, cuando el Salón Oval de la Casa Blanca tenga un nuevo ocupante.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)