21 de abril de 2016

Prince y un romance con la música destinado a la leyenda


Por Humberto Acciarressi

Hace exactamente una semana y después de dos shows suspendidos, Prince se presentó en el Fox Theatre de Atlanta ante una multitud, para la que cantó varios de sus clásicos y una reversión de "Héroes" en homenaje a David Bowie. Dos días más tarde fue internado y las versiones fueron desde un posible estado gripal a un cuadro gravísimo como consecuencia de una vieja enfermedad pulmonar. Al fin de cuentas la cosa no parecía tan grave, ya que le dieron el alta rápidamente. El lunes se retiró a su célebre casa-estudio de Paisley Park, Minnesota. Este jueves, a las 10.07, Prince fue declarado muerto a los 57 años, luego del fracaso de las maniobras de reanimación cardiovascular que le dieron luego del lacónico llamado recibido por la policía de Carver County: "Hay un varón que no respira". No había pasado mucho tiempo cuando la suntuosa mansión del músico ya estaba siendo cubierta de flores, coronas, cartas y velas.

Prince Rogers Nelson, nacido en Minneapolis, en el mismo estado Minnesota, en 1958, fue un artista precoz, hijo de un jazzista que integraba una banda llamada Prince Rogers Trío (de allí salió su nombre) y la cantante del mismo grupo. Cuando apenas tenía siete años, el chico enfrentó un acontecimiento con dos caras. Una mala, la separación de sus padres. Una buena, que el hombre se fue de la casa pero dejó el piano. No pasó mucho tiempo y ya sabía tocarlo sin problemas, además de otros instrumentos, incluyendo la guitarra. A los veinte años entró a un estudio de grabación y - ejecutando todos los instrumentos y cantando las canciones compuestas por él- salió con "For You" bajo el brazo, su primer Long Play en la denominación de la época. Desde entonces (el éxito de "Prince" de 1979 lo convirtió en "la gran esperanza negra"), el músico fallecido este jueves puso en las bateas del mundo una cincuentena de discos, incluyendo bandas sonoras, como la de la primera de la seguidilla cinematográfica de "Batman", de Tim Burton.

Estos días se dirán miles de cosas sobre Prince, que deberán añadirse a las dichas en vida de este heredero de la negritud musical, el soul y el funk, uno de los grandes renovadores de la música popular, un maestro del espectáculo sobre el escenario, envidiable bailarín, virtuoso instrumentista, fanático de los vestuarios que él mismo creaba, y que además le tocó compartir el mismo rango histórico-temporal del pop con artistas de la talla de Michael Jackson y Madonna (con quien vivió un romance). Por cuestiones contractuales con su compañía discográfica, hubo un largo lapso en el que tuvo prohibido utilizar su propio nombre. En una especie de pacto simbiótico con sus millones de seguidores, comenzó a ser llamado (y así se presentaba) como TAFKAP ("The Artist Formerly Known As Prince", o "El artista anteriormente conocido como Prince"). Rebelde, a veces cultivando la estética andrógina, en ocasiones muy contradictorio (por un lado daba recitales gratuitos casi sin publicidad y por el otro prohibía con similar entusiasmo que sus discos fueran subidos a plataformas como You Tube, Spotify o Apple Music), Prince fue uno de los íconos indiscutibles de la música contemporánea. Ahora ya ha entrado en la leyenda.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)