21 de abril de 2016

Las fiestas electrónicas y su alucinógena historia


Por Humberto Acciarressi

En una época, bastante tiempo antes de las hoy tristemente famosas fiestas electrónicas, éstas ya tenían una protohistoria, ubicada por algunos en las celebraciones beatniks de Londres en los comienzos de los 50, otros en las raves de los 60 desaparecidas en la era hippie, hasta su retorno a mediados de la década del 80 pero con una novedad: el uso indiscriminado durante las mismas de las entonces llamadas "drogas de club" como el éxtasis, la cocaína y las "anfetas". Y más acá la aparición de una sustancia alucinógena sintética, utilizada hasta en animales: la ketamina. Fue por esa razón que esas raves fueron prohibidas en Inglaterra y comenzaron a llevarse a cabo a cielo descubierto y en los alrededores de la autopista de circunvalación británica llamada M25. Con su salto a los Estados Unidos, todavía vinculada a una subcultura asociada a la clase trabajadora desocupada, esas celebraciones se hicieron fuertes en Chicago, cuna del house y de su subgénero el acid house, y en la techno Detroit.

Ya de entrada en esta nueva etapa, por sus características estéticas como el uso de glowsticks para cruzar los efectos de luz sobre la oscuridad, en las raves de ciudades industriales en decadencia comenzó a utilizarse masivamente el MDMA o éxtasis, como además se verificó un resurgimiento del LSD al calor de los géneros musicales electrónicos bailables. Los años 90 tuvieron un impulso masivo. Para decirlo con todas las letras, se pusieron de moda. Y hay quienes sostienen que para que los mercaderes de drogas sintéticas se ocuparon de mantenerlas como una excusa para la venta masiva de sus fármacos de laboratorio. E incluso en materia cultural, estas fiestas tuvieron un marco, especialmente en el cine, de gran contundencia. Sirvan como ejemplo películas como "Strange Days", "The Matrix", "House of the Dead", "Skins", "Trainspotting" (basada en la novela de Irvine Welsh), "Viviendo sin límites", entre otras.

Una de las fiestas electrónicas más famosas del mundo fue la germana "Love Parade", que en el 2010 se dejó de realizar con la tragedia ocurrida en Duisburgo, cuando una avalancha produjo la muerte de más de 20 muertos y 500 heridos graves. Y valga una aclaración. A pesar del desastre, autoridades y organizadores decidieron seguir con la fiesta, que se extendió por casi un día más. Para entonces, la celebraciones electrónicas ya eran para las clases medias altas y altas, con mucho dinero en el bolsillo para gastar sin problemas. La tendencia de la moda se había volcado hacia el mejor ámbito del consumismo. Otro de los grandes acontecimientos en la materia es la Creamfield, nacida en Inglaterra en 1998 y que el año pasado celebró su edición 15° en la Argentina. Tomorrowland, Ultra Music Festival, Sensation, son algunos de los otros festivales electrónicos célebres. Absolutamente nadie medianamente informado ignora que esas fiestas se utilizan para probar las nuevas variantes de las drogas sintéticas. La Time Ward de Costa Salguero, nacida en Alemania en 1994, tuvo su tragedia en la tercera edición argentina.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)