1 de abril de 2016

La historia anunciada de Sid Vicious y su madre drogona


Por Humberto Acciarressi

Cuando Sid Vicious se murió de uno de sus tantos excesos el 2 de febrero de 1979 (a su madre, una adicta como él, le gustaba decir que en realidad lo mató ella), tenía apenas 21 años. Contrariamente a esa estupidez de larga y deshonrosa fama, ni siquiera dejó un cadáver exquisito, sino estragado por dentro y por fuera. Pocos meses antes se había despertado de un largo viaje para encontrar desangrada, en el cuarto que compartían en el Chelsea Hotel, a su descerebrada compañera Nancy Spungen. Lo acusaron del crimen, lo soltaron y apenas tuvo tiempo para morirse él mismo. Hay tanta leyenda en torno suyo, que a esta altura ya da asco. Lo cierto es que desde que hizo su primer show con los Sex Pistols en abril de 1977, se convirtió en el máximo ícono del punk. Si no te importa mi opinión, te comunico que Luca Prodan contaba que lo conoció en Londres y que "era un tarado insoportable". Johnny Rotten lo recuerda como "dulce, pero capaz de darte un cadenazo de moto por la cabeza". Más alla de estas cuestiones, en apenas nueve meses y con un sólo album oficial ("Never Mind The Bollocks: Here´s the Sex Pistols", de 1977), el tipo se metió en la historia del rock.

Lo cierto es que en febrero del 79, Simon John Ritchie, es decir Sid Vicious, hizo lo que buscaba desde bastante tiempo atrás: morirse joven. Y en verdad vivió bastante tiempo. Cuando era un nene, el futuro bajista de los Sex Pistols -nacido en Londres- vendía LSD en las calles de Ibiza acompañado de su madre, Anne McDonald. Esta tipeja no era lo que podría llamarse una mamá ejemplar. Cuando Sid cumplió los 17 le enseñó a "picarse" con anfetaminas. Para completar el cuadro, Anne lo alentaba a asaltar a jubilados para conseguir dinero para las drogas de ambos. Ese comercio enfermizo no lo dejó nunca. Incluso después de encontrarse, en 1975, con los integrantes de Sex Pistols, en esos momentos formada por Johnny Rotten, Steve Jones, Paul Cook y Glen Matlock. Hay contradicciones sobre si fueron o no los iniciadores del punk inglés, pero lo que no puede ocultarse es su impulso.

En febrero de 1977, la partida de Matlock dio pie a la entrada de Sid Vicious, el 3 de abril de 1977. Puertas, escenarios y hasta discográficas se les cerraron por los escándalos de la banda. Según el fotógrafo del grupo, Dennis Morris, Sid era "un tímido", mientras que para el mánager Malcolm McLaren "si Rotten era la voz del punk, Vicious era la actitud". A fines del año de su debut como músico, Sid conoció a Nancy Spungen, una groupie fanática de The Ramones y Aerosmith, stripper, prostituta y drogadicta. Eran el uno para el otro. La relación duró menos de un año, aunque pareció un siglo. Cuando los Pistols se dijeron adiós por culpa de Nancy durante la gira por Estados Unidos, la mujer se encerró en una pieza del Chelsea, de Nueva York, para consumir cada vez más heroína. El 12 de octubre de 1978 Spungen apareció desangrada tras ser apuñalada con un cuchillo en el estómago y Sid preso por asesinato. Su fianza fue pagada por el sello Virgin Records (que aspiraba reunir a los Pistols para abonarle al abogado que lo defendería en el juicio) y armó una fiesta. Se sabe que eufórico, el bajista le pidió heroína a su nueva novia, Michelle Robinson, que se negó. Y otra vez apareció la madre de Sid, la drogona Anne, quien le inyectó a su hijo una dosis para matar a dos personas. Sólo lo mató a él, que tenía 21 años.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)