16 de abril de 2016

Jim Marshall, el fotógrafo del rock


Por Humberto Acciarressi

Hace cinco años, en la Staley-Wise Gallery, en el Soho, Nueva York, dos celebrados fotógrafos, Jim Marshall y Timothy White, iban a inaugurar una muestra conjunta para celebrar la presentación del libro conjunto "Match Prints". El día anterior, mientras llegaba la hora de encontrarse para ver una exposición de piezas del primero en la Morrison Hotel Gallery, los organizadores, amigos y colegas comenzaron a impacientarse. Marshall no llegaba ni nadie podía comunicarse con él. Un rato más tarde, su representante neuyorquino Peter Blachey informó que el fotoperiodista había sido encontrado muerto en su pieza de hotel, a los 74 años. Algunas de sus imágenes ya eran algunos de los íconos de la historia del rock y de varias generaciones, y su fallecimiento fue el paso a la posteridad del hombre que retrató a las más grandes estrellas de este género musical que revolucionó el siglo XX.

Aunque ya tenía muchos trabajos en su haber, su foto de un poseído Jimi Hendrix quemando su guitarra en medio de la orgía de sensaciones que se vivía en el Festival de Monterrey de 1967, llevó a Marshall al tope de la fotografía profesional. En ese momento y sin saberlo, Jim inmortalizó a su tocayo violero (Hendrix se llama James Marshall, igual que él) y comenzó a forjar su propia leyenda en un escenario propicio a los mitos. Pero Marshall podía jactarse de muchas otras cosas. Una de ellas, nada menos haber sido el único al que se le permitió entrar al camarín de los Beatles, en el último concierto de la gira final del cuarteto de Liverpool. Ante su lente desfilaron los Rolling Stones, Janis Joplin, The Who, Jim Morrison, Bob Dylan (entre ellas, la imagen en la que está cantando junto a Pete Seeger en el Festival de Folk de Newport en 1963) o Chuck Berry, por nombrar apenas a algunos.

Amante del jazz, para él posaron (o no), músicos como John Coltrane, Thelonious Monk o Miles Davis. Hay datos que no son menores: Marshall fue el fotógrafo que acompañó a Johnny Cash a la cárcel de San Quintín, en donde tomó, entre otras, la del famoso "fuck you" y la actitud desafiante del músico. Y fue nada menos que el fotógrafo oficial de Woodstock, con lo cual bastaría para que su nombre quedara en la historia. Jim fue un artista en cada acto de su vida: diseñó infinidad de portadas de discos (unas quinientas) y hasta su muerte se mantuvo activo, con su cámara a cuestas, retratando a Ben Harper, Lenny Kravitz o Velvet Revolver. Quería tanto su labor que poco antes de morir alcanzó a escribir: "Esta carrera nunca ha sido un trabajo; ha sido mi vida". Y en sus fotos se nota.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)