19 de marzo de 2016

Miguel Abuelo en el recuerdo, a 70 años de su nacimiento


Por Humberto Acciarressi

Miguel Peralta nació el 21 de marzo de 1946 y falleció el 26 del mismo mes, pero de 1988, con el nombre definitivo de Miguel Abuelo, escribiendo y planeando cosas para un futuro imposible. Ambos acontecimientos ocurrieron en la localidad bonaerense de Munro, de dónde no se fue nunca, a pesar de haber pasado años en Europa (se fue de la Argentina a fines de la década del 60 y retornó en 1981). En estos días se cumplen 70 años de su natalicio y por ese motivo habrá algunos homenajes, en razón de haber sido uno de los pioneros del rock del país y fundador de Los Abuelos de la Nada, una de las mejores bandas que salieron de la cantera vernácula. Miguel, que en su adolescencia se autocalificaba como "un negrito resentido y peleador", alternaba el boxeo con la venta callejera, el ejercicio de la poesía y sus actuaciones como mimo, y naturalmente la música, generalmente en compañía de su hermana Norma.

Amante de la literatura, cuando tenía 19 años leyó un libro recién editado: "El banquete de Severo Arcángelo" de Leopoldo Marechal. El personaje central de esa novela, Lisandro Farías, en un momento es insultado con una frase ya clásica de nuestra literatura: "Padre de los piojos, abuelo de la nada". Cuando un par de años después formó una banda, el multifacético artista le dio por nombre Los Abuelos de la Nada en recuerdo de aquella cita que lo había marcado. En 1968, cuando la banda grabó el primer simple, "Diana divaga" y "Tema en flu sobre el planeta", estaba formada por Miguel, Claudio Gabis (futuro "Manal"), "Pomo" Lorenzo, Miky y Alberto Lara, y un jovencito Norberto Aníbal Napolitano, conocido como Pappo (que antes de largarse como solista también tocó en Conexión n° 5). El grupo no duró mucho y Abuelo rumbeó para Europa, donde siguió haciendo música, se casó y tuvo un hijo.

Cuando retornó, Miguel refundó Los Abuelos de la Nada con lo que podría llamarse un seleccionado de la música argentina: Cachorro López (luego derivó a "Zas" con Miguel Mateos), Andrés Calamaro, Gustavo Bazterrica, Daniel Melingo y Polo Corbella (ambos integrantes posteriormente de "Los Twist"). Y con un productor de lujo: Charly García. Uno de los picos más altos fue la seguidilla de recitales del teatro Opera en el 85, mientras que "Chalamán", "Ir a más", "Himno de mi corazón", "Lunes a la madrugada", "Sintonía americana", "Tristeza de la ciudad", "Mil horas", "Costumbres argentinas" son algunos de los clásicos de esa época de apertura democrática.

Cuestiones que nunca faltan le pusieron fin a esa segunda etapa y así nació la tercera, cuyo único LP se tituló "Cosas mías" por el tema homónimo que, adaptado por la hinchada de River, con el tiempo ganó todas las tribunas. El histriónico Miguel estaba acompañado por Kubero Díaz, "Chocolate" Fogo, Juan del Barrio, Polo Corbella, Alfredo Desiata y Willy Crook. La muerte lo alcanzó en la tarde del 26 de marzo de 1988, presuntamente de Sida, la misma enfermedad que mató a Federico Moura el 21 de diciembre de ese año. Unos meses antes, Luca Prodan había fallecido por una cirrosis crónica. Dejando de lado la muerte en un accidente de Alejandro de Michele, de Pastoral, en 1983, esa seguidilla mortal fue uno de los golpes más fuertes que sufrió nuestro rock, y que arrastró a la leyenda a tres bandas como Los Abuelos de la Nada, Sumo y Virus.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)