1 de enero de 2016

Nicolás Maduro, el vocero de los pájaros, sigue con su blabla


Por Humberto Acciarressi

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ya ha acumulado suficientes motivos para estar preso o internado en un neuropsiquiátrico. Para lo primero, la palabra la tienen los ciudadanos de su país que vienen de pegarle una paliza de envergadura al heredero del militar golpista y narcofascista Hugo Chávez, el de las valijas ambulantes con plata robada a PDVSA para alimentar gobiernos títeres y comprar voluntades para integrar el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, objetivo que no logró. Los argentinos no debemos olvidar el Caso Antonini Wilson, también llamado el "Maletagate", aquel del dinero para financiar la campaña presidencial de Cristina Kirchner, que motivó, entre otras cosas, que el recaudador K Julio De Vido "renunciara" a su asesor Claudio Uberti y otro tanto ocurriera con el vicepresidente de PDVSA, Diego Uzcátegui. Después, poco a poco, Venezuela fue cayendo en un pozo más profundo que los de su petróleo, pero de miseria, persecución a los opositores, inflación galopante y todo eso que sin ser gobernada por corruptos no debería haber pasado jamás. Mientras, la alianza con el gobierno kirchnerista perduró, sea a grito pelado o en las sombras.

Muerto Chávez el 5 de marzo de 2013 (sobre la fecha exacta hay dudas bien fundadas), Nicolás Maduro se hizo cargo del poder absoluto de Venezuela. Y se convirtió en la cara visible de un régimen que -con cierta lógica, ya que una cosa depende de otra- mata de hambre a su pueblo y lo priva de papel higiénico. Este sujeto, en algo muy similar al relato kirchnerista que sostenía que la Argentina estaba mejor que Alemania, llegó a decir al respecto que la gente necesitaba más papel higiénico porque comía más (¿?). Cómo será la miseria en Venezuela, país ultracatólico, que hasta la Iglesia tuvo que reclamar que faltaba el vino de misa. Desde sus primeros momentos en el Palacio de Miraflores, este nacido para segundón que se topó de casualidad con el gobierno por la tragedia de su líder, comenzó a dar muestra de su locura, al manifestar públicamente que charlaba con un ave que era la reencarnación de Chávez. Este "pajarito chiquitico", entre otras cosas, "le dijo": "Arranca la batalla. Vayan a la victoria. Tienen nuestras bendiciones". Por mucho menos hay personas internadas en los manicomios.

Ahora, cuando debería estar ocupándose de los gravísimos problemas que creó en su país -a pesar de todos los medios a su favor y los obsecuentes incapaces de ver al rey desnudo, como en el cuento infantil-, Maduro se entretiene en criticar a... Mauricio Macri, el presidente argentino, quien ya solicitó en la cumbre del Mercosur por la suerte de los presos políticos venezolanos. Ahora, el “verde” como lo llamaba Chávez, que ya tendrá que rendir cuentas por sus vínculos con todas las mafias posibles, se permite el lujo de decir que en nuestro país "se calla al pueblo en la calle", porque hay "un oligarca en el poder" y nosequé de "la censura burguesa" y bla bla bla. Hace unos días, los argentinos nos tuvimos que aguantar a la canciller venezolana Delcy Rodriguez hablando pavadas después de haber sido mal asesorada por sus amigos kirchneristas. Sólo regímenes como el chavismo y el kirchnerismo pueden tener ministros de Relaciones Exteriores como esa mujer y Héctor Timerman. En cuanto a Maduro, apenas vislumbra como futuro lo que resulte de la pelea entre la ley y la psiquiatría.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)