14 de enero de 2016

La Patria Panelista y sus ecos en las redes sociales


Por Humberto Acciarressi

No es un fenómeno nuevo. Ni en el mundo ni en la Argentina. Aquella mesa televisiva de Sofovich fue un antecedente, aunque no el único. Y los ejemplos huelgan en el resto del planeta en tiempos en que todavía no existían las redes sociales, y ni siquiera internet. Pero ahora llegamos a límites de pesadilla. Los programas de panelistas son vientres enormes que dan a luz a diestra y siniestra a opinadores seriales que hablan de fútbol, economía, política internacional, astronomía, nanotecnología como si fueran premios Nobel. Aquel programa bizarro de Marcelo Polino, "Zap", por lo menos se tomaba en broma a sí mismo, con personajes como Guido Süller, El Larva, la Barbie, Héctor García y Adriana Aguirre, Jacobo Winograd y una serie de sujetos que hasta quisieron crear el Sindicato de Mediáticos. La cosa ahora se puso más brava.

En los últimos tiempos la cosa llegó a tales extremos, que los programas de opinadores se multiplicaron hasta límites de pesadilla. Incluso, como en el caso del ex "678", que pagábamos todos los argentinos para que un grupo de repentinos millonarios kirchneristas se reunieran alrededor de una mesa a insultar a todos los que no pensaran como la anterior presidente Fernández. Otros, que no se emiten en canales estatales, parecen un tango de Discépolo, especialmente "Cambalache", y juntan a militantes como Brancatelli, a las novias de procesados o de artistas beneficiados por el poder, que gritan al unísono, repiten libretos como loros, con el único resultado de lograr que nadie entienda nada. Porque el peor problema de la Patria Panelista es que aquellos que la integran hacen plancha sobre la superficie, y jamás bajan ni un centímetro en busca de profundidad.

Estos especímenes, ahora, ya tienen una caja de resonancia a la que nadie es ajeno: la de las redes sociales. Estos módicos opinadores tienen sus detractores y sus defensores, pero además -desde que invadieron twitter y facebook- estos aggiornados mediáticos asimismo escriben sus tweets mientras los otros opinan. Jamás escuchan nada. La política, frente al enorme escenario de la Patria Panelista, también se sumó al circo. Y así hasta una eternidad que no parece teórica. Los chismes, prejuicios y canalladas dicen mucho. Pero lo peor es la ignorancia que queda al descubierto, con personas que al lado de ellas Paulo Coelho parece Inmanuel Kant. La farándula de opinadores está dejando una de las peores herencias para el futuro: la falta del uso sistemático del intelecto.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)