12 de enero de 2016

El glamour y el genio de David Bowie, en la música y más allá


Por Humberto Acciarressi

Hace unos días, el 8 de enero, había cumplido 69 años. Durante esa misma jornada, en una suerte de celebración y despedida, salió su vigésimo quinto disco, "Blackstar",con siete temas con aires de jazz y músicos del palo. Unas horas más tarde, David Bowie, está muerto, después de haber padecido un cáncer del que casi nadie estaba al tanto, tal vez por esa elegancia que mantuvo hasta el final este artista impar que superó largamente las fronteras de la música. Redes sociales por medio, justos homenajes musicales, meras necrológicas y comentarios sobre su vida y su obra, inundaron las vías de la comunicación casi en el mismo instante en que se conoció la noticia. A diferencia de muchos otros, Bowie, que como consecuencia de un infarto a mediados de la primera década del siglo y del mal que lo llevó a la muerte tuvo un parate en conciertos e incluso en la producción discográfica, nunca dejó de estar presente. Y así se convirtió en un ícono de varias generaciones, que son las que hoy lloran su muerte.

Cada uno de acuerdo a sus gustos e intereses, recordarán tal o cual canción suya, este disco u otro, que alguna vez haya sido elegido como "el británico mejor vestido de la historia", obviamente por arriba de la reina Isabel I, Georgiana Cavendish, duquesa de Devonshire, y George Bryan Brummell, conocido como Beau Brummell, árbitro de la moda en la época de la Regencia y amigo del príncipe que fue rey en 1820 como Jorge IV. Los versos profundos, filosóficos, de sus canciones, están siendo reiterados en las redes sociales en este momento, y así se refrescan en la memoria las músicas más emblemáticas del glam rock, que logró superar al propio fundador de esta estética que fue Marc Bolan, el líder de Tyrannosaurus Rex, muerto en 1977 en un accidente de auto a los 30 años en 1977. Su glamour, su actitud provocativa, su bisexualidad que lo convertía en el andrógino casi cinematográfico, los matices cambiantes de su voz, convirtieron al Duque Blanco en un artista referencial.

En junio de 1964, una ignorada banda llamada Davy Jones and The King Bees editó en Decca un simple -de aquellos de vinilo, con un tema por lado- con la canción "Lisa Jane" en la cara A. En la reversa había una composición de Paul Revere y los Raiders llamada "Louie, Louie Go Home". Un hecho que sería intrascendente, si no fuera porque David Jones, por entonces de 17 años, con el tiempo se iba a convertir en David Bowie (para no presentarse con su nombre de nacimiento, ya que uno de los integrantes de The Monkees, esa banda inventada en los Estados Unidos cuyos integrantes ni siquiera tocaban sus instrumentos, se llamaba así), y de quien con los años se diría que "su influencia es única en la cultura popular: ha permeado y cambiado más vidas que ninguna otra figura pública".

Lo que no todos saben es que unos días después de la grabación de ese sencillo, David levantó campamento luego de comunicarle la decisión a sus compañeros, y se unió al grupo The Manish Blues donde tenía más espacio para tocar a sus admirados Charles Mingus, John Coltrane y Mick Jagger. El resto de la historia es conocida. Desde la icónica Space Oddity, sus colaboraciones con Brian Eno, el incomparable "The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars", la historia del extraterrestre bisexual que está en la cima de la estética glam (el legendario Lester Bangs escribió: "Todo el fenómeno de Ziggy Stardust como disco, gira, psicodrama y movimiento cultural revolución Gran Bretaña y el resto del mundo");sus andanzas con su amigo Iggy Pop por Alemania, donde habían ido a desintoxicarse de la cocaína; las declaraciones de Maddona acerca de su gusto por la música gracias a Bowie; son apenas algunas referencias de su trayectoria.

Uno tras otro fueron pasando los discos y las presentaciones con los grandes músicos que querían tocar junto a él. Sus andanzas por el cine no fueron menores. Intervino como actor en casi treinta películas, entre ellas en "El hombre que vino de las estrellas", "The Hunger" ("El ansía", entre nosotros), junto a Catherine Deneuve y Susan Sarandon; en "Laberinto", interpretando a Jareth el Rey de los Goblins, obsesionado por una descollante adolescente Jennifer Connelly, de apenas 16 años. También intervino en documentales, produjo filmes y escribió bandas sonoras. En 2003 editó "Reality" producido por Tony Visconti y durante una década -infarto mediante- no volvió a entrar a una sala de grabación. Cuando lo hizo salió, hace tres años, con "The Next Day", un CD de música, letras, voz e instrumentos en armónica perfección. Tenía la misma portada de "Héroes" de 1997, pero intervenida con un cuadrado de color blanco cubriendo la tapa del antiguo disco. Lo primero que dijo el Duque en ese momento fue "Aquí sigo, vivito y coleando". Lamentablemente, a horas de la salida de su última placa, Bowie ya no puede decir lo mismo.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)