6 de enero de 2016

El chavismo enroscado en un "relato" que ya nadie cree


Por Humberto Acciarressi

Fascista, ultramontano en su catolicismo, ex golpista, militarista, corrupto y vinculado al narcotráfico, el ahora ex titular de la Asamblea Nacional de Venezuela, Diosdado Cabello, además está mal informado. Alguien tiene que decirle al segundo del poder chavista que su partido perdió las elecciones legislativas y que para la Mesa de Unidad Democrática fue -para decirlo en argot porteño- como pegarle a Mohamed Alí en el geriátrico. Sólo su fanatismo y el "relato" ficticio de esa pseudo revolución que apaña sus intereses personales -en la Argentina sabemos de esos "antimperialistas" con pisos en Puerto Madero, estancias, cadenas de hoteles y cuentas en paraísos fiscales-, pueden hacer que pretenda engañar a alguien cuando dice que la nueva composición de la Asamblea está integrada por "la burguesía por un lado" y "nosotros, los patriotas, por el otro".

Este fascista que se retrata con un garrote en la mano, que viola las vedas electorales sin tapujos y jactándose de eso, y que -una vez perdidos- amenaza con un "pueden votar las leyes que quieran y nosotros hacer lo que mejor sabemos hacer: vetarlas", no advierte que se está quedando sin cómplices en el mundo. No parece casual que Cabello comparta con Maduro sus críticas al nuevo gobierno argentino y defienda a quienes, en nuestro país, ahora se dedican a poner palos en la rueda de las recientes autoridades surgidas de la voluntad popular. Y tampoco es casual la admiración kirchnerista por el chavismo (al margen de los negociados de los que varios tendrán que rendir cuenta a la Justicia), en eso de acomodar el "relato" de acuerdo a como le va en la partida de cartas.

Ya nos hemos ocupado anteriormente de Maduro, ese hombre que -precisamente en su pelea en las sombras con Cabello- se quedó con la presidencia venezolana a la muerte del creador del engendro. El mismo que ahora, en su desesperación y ante la inflación más alta del mundo, el incremento de la pobreza, la falta de productos básicos en las góndolas de los supermercados, y otros "hitos" de tan particular revolución, acaba de decir en una reunión del PSUV que "Venezuela necesita un plan de emergencia económica, de activación y reactivación, de reformulación de la economía". Dicho de otra forma, Maduro pide ajuste y más ajuste para una Venezuela empobrecida. Y como si no entendiera lo que pasa en su país, su esposa y diputada, Cilia Flores, ya anda haciendo declaraciones del estilo "daremos la pelea porque aquí nadie se rinde", con el tono de una Diana Conti caribeña.

Y mientras recrudecen las denuncias contra Cabello (dueño de varias sociedades anónimas), Maduro y Flores por blanqueo de capitales en Panamá, y los sobrinos de la mujer, Efraín Antonio Campo Flores y Francisco Flores de Freitas, están detenidos en los Estados Unidos por narcotráfico, y su propio hijo, Carlos Erik Malpica Flores, está bailando sobre el filo de la navaja, al chavismno se le caen los socios en el Mercosur. El propio Brasil acaba de sacar un comunicado en el que dice confiar en que será plenamente respetada la voluntad soberana del pueblo venezolano, expresada en forma libre y democráticamente en las urnas. Y en consonancia con el pedido del nuevo presidente argentino Mauricio Macri por los presos políticos del régimen chavista en la reciente reunión del Mercosur, el Palacio de Itamaraty enfatiza en su nota que "no hay lugar, en América del Sur del siglo XXI, para soluciones políticas fuera de la institucionalidad y del más absoluto respeto hacia la democracia y el Estado de Derecho".

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)