9 de diciembre de 2015

La infidelidad en las redes como tema de un día ocioso


Por Humberto Acciarressi

Los días feriados pueden, y deben, ser utilizados para divagar sobre cuestiones aparentemente menores. Y lo de aparente es riguroso, especialmente si se trata de infieles consumados o no. Recorriendo las redes sociales, en los últimos días volvió a tener vigencia un viejo tema: las infidelidades digitales, dónde comienzan y en qué lugar terminan ¿Es el coqueteo una infidelidad o para que ésta exista debe haber contacto físico, y vos me entendés a qué me refiero? Personalmente no lo tengo en claro, pero estoy seguro que en los mensajes de WhatsApp, en los SMS, en Facebook, en los juegos de avatares y en los DM twitteros, se consuman historias al lado de las cuales Madame Bovary podría ser un mal teleteatro mexicano.

Hay quienes sostienen que la simple presencia de un tercero, así sea platónico, ya constituye una infidelidad digna de terminarla como en una tragedia de Shakespeare. Por cuestiones de buen gusto ni voy a ocuparme de esta variante del asunto, ya que no soy -aunque alguna vez lo haya sido- cronista de hechos policiales. Si voy a decir que hace un tiempo, la CNN realizó una encuesta referida al punto en el cual se inicia la infidelidad en las redes. La mayoría de los entrevistados concluyó que uno puede ser infiel sin tener contacto físico con otra persona. Eso parece darle la razón a los estudiosos que sostienen que los mensajes ocultos de las diferentes redes son la nueva arma de la infidelidad, el gran temor de los nuevos tiempos.

Otro estudio inglés reveló oportunamente que un 20% de las separaciones conyugales se deben a frases escritas en un muro de FB. Ni siquiera tienen que ser del tenor de "Te espero en la café Fulano a las 10 de la noche. Veni bañada". No. Basta con una sugerencia o una simple frase cordial. Voy a tratar de terminar con esta farsa de los encuestadores y los pseudo expertos: se separan quienes tienen que hacerlo, aunque la excusa sea que X se lava mal los dientes o que Z le dedica más tiempo al perro que a su pareja. Facebook, Twitter y compañía, apenas muestran que otros mundos -así sean virtuales- están allí, al alcance del teclado. Y en ese sentido desnudan carencias de millones. Culpar a las redes sociales es casi tan básico como publicar una solicitada contra la ley de gravedad porque un tipo saltó de un piso 20 y terminó convertido en ketchup en la vereda. Te pido un favor: no seas ridícula.... preciosa.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)