9 de diciembre de 2015

Hace 35 años, apenas un día en la vida, mataban a Lennon


Por Humberto Acciarressi

La fe poética; la suspensión de la incredulidad de la que hablaba Coleridge; aquellas mujeres que allá por el 1300 se cruzaban de vereda en la ciudad de Ravena para esquivar a Dante, el hombre que había bajado y vuelto del Infierno; son algunas de esas cosas que permitieron afirmar -y yo personalmente aún lo creo- que el Cid Campeador ganaba batallas después de muerto. El "Cada día canta mejor" que se afirma en toda oportunidad en la que se escucha un tango interpretado por Gardel, es el equivalente a las andanzas de Rodrigo Díaz de Vivar, aquel caballero castellano de la pieza anónima. Y más acá en el tiempo está John Lennon, de cuya muerte se cumplen este martes 35 años. Se ha dicho tanto sobre el músico -yo ni siquiera recuerdo lo escrito por mí-, que aquella jornada del 8 de diciembre de 1980 debe considerarse una bisagra cultural en varios sentidos.

Los cinco disparos que impactaron en el cuerpo del entonces ex beatle disparados por Mark Chapman, ese psicópata lector de "El guardián en el centeno" de J.D.Salinger, fueron un mazazo como pocos en lo que se refiere al crimen de un personaje de fama mundial, en cualquier ámbito en el que se desempeñe. Apenas veinte minutos después del acto criminal en la puerta del edificio Dakota, en dónde vivía, los diarios del mundo entero (entonces no existía internet) se limitaron a un contundente "Mataron a Lennon". Una vez escribí que si Chapman buscaba conmover, tuvo más éxito que Lee Harvey Oswald o quienes hayan asesinado a Kennedy. Un presidente es siempre un blanco más lógico que un músico de rock, más si ese artista había sido un Beatle, terminaba de grabar su último disco -"Doble fantasía"- y había dado, en los días previos, un reportaje -el mejor que le hicieron en toda su vida, el de Playboy- en el que desmenuzaba cada uno de los temas de su carrera.

Aquella lejana jornada fue, con toda seguridad, el hecho cultural y colectivo más impactante que le sucedió a tres o cuatro generaciones de personas de todas las latitudes. De su genio musical, de esa voz conmovedoramente quebrada, ligeramente grave, de sus campañas contra la guerra y la explotación de la mujer, ya es casi imposible añadir algo. De cualquier forma, el "casi" mantiene abierta una eternidad de posibilidades. El supuesto River-Boca entre Lennon y McCartney fue casi tan ridículo como el de los Beatles y los Stones (los integrantes de ambas bandas se emborrachaban juntos y se admiraban mutuamente). La definitiva imposibilidad de un retorno de los Beatles, sellada con los balazos en la puerta del edificio Dakota de Nueva York. El papel que tuvo cada uno de los integrantes del grupo antes y después de la separación en 1970. La posterior muerte de George por un cáncer cerebral. Las antologías, las películas y los temas inéditos. Todo eso y mucho más se fundió como en el tema "Un día en la vida" y con un sonido orquestal dodecafónico en aquel trágico, triste, 8 de diciembre de 1980, hace 35 años.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)