19 de noviembre de 2015

Marilyn Monroe y la sorda rebelión que la llevó a la muerte


Por Humberto Acciarressi

"El caviar es fabuloso siempre y cuando haya otra cosa para comer", dijo en una oportunidad Marilyn Monroe, a la que pocas veces le faltó caviar y muchas veces pasó hambre. Desde que formó parte del grupo de figurantes de "Scudda Hoo, Scudda Hay" en 1947 con 21 años, hasta la inacabada "Something´s ot to give" en 1962, Marilyn Monroe trabajó en casi treinta películas. Nacida Norma Jean en un barrio pobre de Los Angeles, hija de un panadero que abandonó embarazada a su madre Gladys Baker, que vio como ésta asesinó a su mejor amiga y acabó como su abuela en el manicomio, que fue violada a los nueve años y que por eso quedó con un tartamudeo de por vida, además de pasar de familia en familia adoptiva sin lograr encajar en ninguna, fue mucho más que lo que quiso de ella la machista sociedad yanqui, cuyos hombres se ratoneaban con las pin-up girls.

Cuando Marilyn, en plena efervecencia abandonó Hollywood para tomar clases de teatro en el Actor´s Studio de Nueva York, un periodista farandulero con bastante influencia, Douglas Watt, escribió un artículo titulado "Estás tirando tu herencia" en dónde escribió: "Peor que eso, estás desilusionando a millones de jóvenes americanos de sangre caliente, para los que eras un símbolo de una femeneidad sin complicaciones". Sus fracasos matrimoniales, sus intentos de suicidio, sus comentarios irónicos y eruditos al estilo "el talento se cultiva en la intimidad" (allí parafraseaba a Goethe), la malquistaron con Hollywood,.Y mucho más cuando montó su propia productora para enfrentar a los pulpos de la Twentieth Century Fox. Pero el peor golpe que dio, y que marcó su decadencia final, fue cuando dijo: "Un símbolo sexual se convierte en un objeto y yo detesto ser un objeto". Fue demasiado para la moralina yanqui.

Le hicieron la vida imposible hasta la noche del 4 al 5 de agosto de 1962, cuando fue encontrada muerta en un cuarto inhóspito y pobremente amueblado, en un hecho que aún no se dilucida si fue suicidio o asesinato por sus romances con los hermanos Kennedy. Ya abandonada a su suerte y con brotes de locura, unos pocos días antes de su fin trágico, le rogaba a un periodista: "Por favor, no me tome en broma". En los tramos últimos de la película que dejó inconclusa, Marilyn sonrió por primera vez dejando ver sus encías y prescindió de las mallas color piel en las escenas de desnudos. Ya se había rendido, pero se despedía a su manera. Poco tiempo después de su fallecimiento, su ex esposo Arthur Miller estrenó su obra más despiadada: "Después de la caída" Autobiográfica cien por cien, aún hoy hay quienes no entienden como un escritor de gran conciencia moral y elevados principios pudo haber caído tan bajo. Más adelante quiso enmendar esa crueldad, pero no pudo. De cualquier forma, para Marilyn ya era tarde.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)