25 de noviembre de 2015

Fernando Otero llega con su "Ritual" a Buenos Aires


Por Humberto Acciarressi

Fernando Otero, pianista argentino radicado desde hace más de dos décadas en Nueva York e hijo de la cantante lírica y actriz Elsa Marval (a quien le dedicó uno de sus anteriores discos, "Prima Donna"), llegó al país para presentar su nueva placa, "Ritual", por la que recibió dos nominaciones para el Latin Grammy 2015 en los rubros "Mejor Álbum de Música Clásica” y “Mejor Composición Clásica Contemporánea”, y con la que viene girando por Europa y Estados Unidos. En esta oportunidad, el jueves a las 21 se estará presentando en el Teatro La Comedia (Rodriguez Peña 1062), acompañado por Irene Cadario en violín y Patricio Villarejo en violoncello. Con motivo de este encuentro con el público de su país, Otero nos dice: "La Argentina tiene para mí la magia del reencuentro, de los abrazos con seres queridos, y esa cosa especial que provoca ofrecer lo que estuve haciendo últimamente a tanta gente a la que aprecio muchísimo. Y también me conecta con una infinidad de sensaciones que no podría describir, como si tuviera que definir el amor o a la música".

En otro orden de cosas, y en relación al lirismo tanguero, los rasgos de la estética clásica y los juegos con el piano, este virtuoso se explaya: "La improvisación me abre las puertas hacia un modo de expresión diferente al de la música escrita, conectando con lo que ocurre exactamente en ese momento, favoreciendo la espontaneidad y la salida de elementos que se encuentran muy ocultos, expectantes por ver la luz. En el repertorio que estoy presentando actualmente, la improvisación recae únicamente sobre el piano, ya sea acompañado por la orquesta -que simultáneamente sí ejecuta música escrita - o bien como solo piano. Y esa improvisación ocurre dentro de marcos preestablecidos formalmente: no se trata de tocar de una forma aleatoria en cualquier momento y con una duración indeterminada".

Y en cuanto a nuestra música ciudadana, Otero precisa: "La música de Buenos Aires es para mí el lenguaje materno. Mi punto de partida sigue siendo siempre emocional, y busco darle forma usando varias herramientas expresivas que fui aprendiendo en este camino, alejado de premisas intelectuales que tengan el objetivo de fusionar tendencias estilísticas. Siento que acudir al uso de formas orquestales me puede remitir a lo que generalmente se rotula como académico, y que por tanto mis resultados se encuadrarían dentro de la música clásica contemporánea. Pero el puntapié inicial aparece en el sonido de mi infancia, la música popular porteña en forma visceral, involuntaria".

En otro orden de cosas nos cuenta que "estaba entusiasmado con la idea de un álbum conceptual, con recurrencias temáticas y basado más en texturas, colores y melodía que en aspectos rítmicos", al tiempo que añade que "gran parte de ese planteo de trabajo fue el resultado de una conversación con Quincy Jones en su estudio, en Bell Air", quien le sugirió "hacer hincapié en la orquestación, más que en individualidades". En cuanto a las nominaciones a los Grammy, se limita a decir que "es alentador, agrega motivación y dispara un sentimiento de gratitud, y al provenir de personas a quienes les gusta lo que hago es una inyección de alegría". Y concluye: "Como decía mi mamá: `cuando veo tanta gente nadando, me dan todavía más ganas de zambullirme a la pileta`*. Hasta acá sus palabras; el jueves, en el Teatro La Comedia, su música.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)