10 de noviembre de 2015

Casablanca y una pelea entre los hermanos Warner y Marx


Por Humberto Acciarressi

Primero lo primero. En un ya lejanísimo 26 de noviembre de 1942, en Nueva York, tuvo lugar la premiere de una de las mejores películas de todos los tiempos."Casablanca", dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Paul Henreid y Claude Rains se convertía ese día en una cita de referencia de cualquier historia del cine internacional. Y además en fuente de inspiración de libros, películas y hasta dibujos animados, sin contar frases célebres, algunas de las cuales no son exactamente iguales que en el original. No hace falta advertir que la película fue estrenada tres años antes de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, que es el tema que le pone marco a la historia de Rick Blaine e Ilsa Lund en ese territorio que pertenecía a la Francia colaboracionista de Vichy. Son menos quienes saben que "Casablanca" fue producida por Jack Warner, uno de los hermanos famosos, razón por la cual los derechos le pertenecían a la Warner Brothers. Y este hecho dio lugar a una de las historias más simpáticas de Hollywood.

Cuatro años más tarde -el conflicto bélico ya había terminado con la derrota del eje nazi-fascista, pero la historia de amor de Casablanca había trascendido la guerra- David Loew produjo una de las últimas películas de los hermanos Marx. En rigor, los actores se encontraban en pleno proceso de filmación de "Una noche en Casablanca" cuando recibieron una larga carta de la Warner, antesala de una demanda. Mucho más tarde se supo el porquè de esa nota: Groucho and company habían pensado su película como una sátira del film de Michael Curtiz, e incluso su personaje, Ronald Kornblow, iba a llamarse inicialmente nada menos que Humphrey Bogus. Pero cuando recibieron la carta de Warner no se sabía casi nada de este asunto. El más destacado del grupo le dijo a todos: yo me ocupo. Y lo hizo. Si leiste los libros de Groucho, o por lo menos alguno de ellos, no te extrañará el estilo inconfundible de su respuesta, que acá reproducimos:

"Queridos Warner Brothers:

"Al parecer hay más de una forma de conquistar una ciudad y de mantenerla bajo el dominio propio. Por ejemplo, hasta el momento en que pensamos en hacer esta película, no tenía idea de que la ciudad de Casablanca perteneciera exclusivamente a los Warner Brothers. Sin embargo, poco después de anunciar nuestra película, recibimos el largo documento en el que nos advierten que no debemos usar el nombre `Casablanca`. Sencillamente no comprendo su actitud. Aún cuando pensaran reponer su película, estoy seguro que el espectador medio aprendería oportunamente a distinguir entre Ingrid Bergman y Harpo. Ustedes reivindican su ´Casablanca´ y pretenden que nadie más use ese nombre sin su permiso. ¿Qué me dicen de Warner Brothers?, ¿es de su propiedad también? Probablemente tengan ustedes el derecho de usar el nombre de ´Warner´, pero ¿el de ´Brothers´? Profesionalmente, nosotros éramos brothers mucho antes que ustedes. Incluso antes que nosotros ha habido otros hermanos que se han hecho llamar así. Parecería que todo va a terminar en un conflicto más bien amargo y les aseguro que no es esa mi intención. Me gustan los Warner. Además, tengo la sospecha de que este intento de impedirnos la utilización del título es una maniobra de algún empleado que acaba de ingresar al departamento jurídico y al que le gusta crear problemas. ¡Pues no se saldrá con la suya! Ningún aventurero legal va a enemistar a los Warner con los Marx. Todos somos hermanos debajo de nuestro pellejo y seguiremos amigos hasta que el último rollo de ´Una noche en Casablanca´ esté listo para ser proyectado".

Lo siguiente que se sabe -además de la fama posterior de ambas películas- es que "Una noche en Casablanca", dirigida por Archie Mayo y una de los últimos films protagonizados por los hermanos Marx, se estrenó en Nueva York el 10 de mayo de 1946. Pero el destino siempre se reserva alguna venganza. En la actualidad, los derechos de aquella obra los tiene... la Warner.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)