14 de octubre de 2015

La Segunda Guerra Mundial narrada en 250 anécdotas


Por Humberto Acciarressi

"Cada guerra es una destrucción del espíritu humano", señaló en una oportunidad Henry Miller en alusión a cada conflicto que empuja al hombre a esa barbarie planeada estratégica y tácticamente. Más a tono con su espíritu burlón, el inefable Oscar Wilde hasta propuso una solución: "Mientras la guerra sea considerada mala, conservará su fascinación. Cuando sea tenida por vulgar, acabará su popularidad". Lo cierto es que la guerra, en sus aspectos más diversos, contiene la historia del mundo y parece inevitable que perdure mientras el hombre sobreviva a sus propios y fatales descalabros. Se han escrito miles de libros sobre este asunto, desde antes y después que el legendario estratega chino Sun Tzú redactara los trece capítulos de lo que él denominó "El arte de la guerra". Así han desfilado por los catálogos universales volúmenes sobre estrategia, historia, geopolítica, campañas, héroes y villanos, cartas... La lista tiene aspiraciones de infinitud y no es extraño que así sea.

Entre los libros que se escriben sobre esta pandemia humana que no tienen fronteras ni geográficas (de hecho hubo sordas guerras en el espacio durante la "carrera" hoy inexistente entre EE.UU. y la URSS) ni temporales, se encuentran aquellos que se refieren a los detalles, a esos episodios que pueden ameritar un artículo o una película pero que no se encuentran en la órbita de las estadísticas. Un número puede ser tremendo, pero por sí solo no deja ese estremecimiento que puede ocasionar un drama como, por ejemplo, el diario de una pequeña niña judía muerta de tifus en un campo de concentración nazi de Bergen-Belsen, en la Baja Sajonia alemana. Para decirlo en términos cinematográficos, me refiero a esas historias muy parecidas a la que se cuenta en la película "En busca del soldado Ryan". En nuestro país acaba de ser editado una de esas obras, "Pequeñas grandes historias de la Segunda Guerra Mundial", del catalán Jesús Hernández, un especialista en la materia.

El libro contiene unas 250 perlitas, casi todas pocas conocidas, que incluyen las andanzas del primer soldado soviético que subió al techo del Reichstag y plantó la bandera roja, que más tarde no fue tenido en cuenta por Stalin, quien condecoró con el título de Héroe de la Unión Soviética al muchacho que posó - cuando Berlín ya estaba asegurada- para la trucada foto célebre. O las posibles causas de la muerte en vuelo del actor Leslie Howard, integrante de la tríada protagónica de "Lo que el viento se llevó", cuando viajaba en un avión civil derribado por cazas germanos, cuyos aviadores sospechaban que Churchill era uno de los pasajeros. El libro cuenta como el propio primer ministro inglés fue partidario de utilizar gases venenosos con la frase "es sólo una cuestión de modas"; la forma en que se contaban las bajas aliadas; la historia del francotirador más mortífero; la utilización de personas ciegas durante el cerco alemán a Leningrado, ya que podían detectar antes que ningún otro el sonido de los aviones enemigos. El por qué se pintaban barcos y aviones de color rosado, las recompensas por la cabeza de Hitler, el último soldado japonés en rendirse, los padres que perdieron más hijos, el listado de compras de víveres de un acorazado de la US Navy, y muchas otras anécdotas, enriquecen este libro que le pone un marco humano a esa guerra que -de acuerdo a Einstein- era la antesala de la que nos llevaría nuevamente a las cavernas.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)