22 de septiembre de 2015

La herencia klezmer de la familia de músicos Linetzky


Por Humberto Acciarressi

El viernes 2 de octubre a las 21.30 en el Mediterránea Café Teatro (Tucumán 3378) y el miércoles 7 del mismo mes y hora en Notorius (Callao 966), el Lineztky Trío (Andrés Linetzky en piano, Bruno Linetzky en clarinete y Matías Linetzky en trompeta y mandolina) estará presentando su nuevo CD, “Herencia klezmer”,compuesto por un interesante y valioso cancionero tradicional de esta música étnica natural de los países del Este europeo, que se desarrolló entre las comunidades judías antes de las guerras mundiales del siglo XX. En el disco, que fue grabado en vivo en el Auditorio de AMIA en 2014, también intervienen como artistas invitados Ignacio Varchausky en el contrabajo y Leonardo Linetzky en flauta. Los temas constituyen una viva y refrescante actualización de la música judía de raíz asquenazi, con ritmos como el sher, el freilaj o el vals. Y hay un gran hallazgo en el CD, que es la voz del zeide (el abuelo) relatando anécdotas musicales y contando historias de su Belz natal, a manera de hilo conductor entre las canciones.

A los efectos de conocer un poco más de esta propuesta musical, charlamos con Andrés Linetzky, quien comienza desde bien lejos en su árbol genealógico. "Mi abuelo José vino de Europa a los 13 años, y allí él era músico. Tocaba el violín -arranca con su relato el emocionado nieto-. En realidad mi bisabuela y mi tatarabuelo también eran músicos. La tradición viene de muchas generaciones atrás. Cuando, desde chicos, mis hermanos y yo empezamos a estudiar música, mi abuelo comenzó a transmitirnos la que tocaban en Rusia cuando él era un nene. Desde siempre nos reuníamos los sábados al mediodía en la casa de mamá y allí comenzaron a producirse los primeros ensayos. Primero mi abuelo y yo, y a veces mi papá también. Después mi hermano Bruno, Y así sucesivamente cada uno de los hermanos. Somos cinco. Entonces, en un momento, la orquesta llegó a tener siete músicos. Empezamos a tocar en las fiestas familiares primero y después, como era muy llamativo, comenzaron a llamarnos de distintas instituciones y festividades judías para que toquemos".

Andrés es además un notable intérprete de tango, y es natural saber cómo se influyen ambas músicas entre sí. Entonces nos responde: "Ambas músicas son representativas de una cultura y de un pueblo. Yo tengo la suerte de tener esa especie de doble ciudadanía, por lo que considero enriquecedor poder poseer y entender esas dos músicas. Inevitablemente ambas se interrelacionan y se influyen de manera positiva". En lo atinente a la revitalización de las canciones tradicionales de su pueblo, añade: "Al ser jóvenes. Nosotros podemos tocar la música que mi abuelo nos enseñó, pero desde una óptica actual. Querámoslo o no, la vida que llevamos en esta ciudad, en este mundo, en este momento, hace que nuestra manera de tocar sea distinta a la que podían llegar a tener los músicos en Europa oriental. Además este disco es en vivo, por lo que tiene la frescura, la fuerza, y el ímpetu que puede tener una actuación en vivo".

Naturalmente, Linetzky no es de quedarse estancado en un proyecto y por eso ya está "metido en cosas nuevas", como él mismo señala. Y agrega: "Por suerte tengo mucho entusiasmo. Por ejemplo con Ariel Ardit ahora estamos lanzando el homenaje sinfónico a Carlos Gardel. Es un repertorio de 16 temas de Gardel arreglados para orquesta sinfónica y cantados por Ariel. Con este proyecto pensamos presentamos en teatros de todo el mundo, con sinfónicas internacionales de donde vayamos. También estamos creando un disco de canciones junto a mi hermano Matías. Será un disco muy heterogéneo con composiciones de géneros distintos, que van desde el tango y el folclore hasta el rock. Y siempre, paralelamente, sigo con mi sexteto, que antes era Vale Tango, pero ahora es el Andrés Linetzky Sexteto. Como verás, lo del entusiasmo es verdad".

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)