9 de septiembre de 2015

El arte irónico de Manolito a la sombra de Mafalda



Por Humberto Acciarressi

Todos hablan de ella y no está mal que así ocurra. Después de todo, Mafalda es -junto a Snoppy- la historieta más difundida del mundo. Pero a la sombra de la creación impar de Quino, entre sus amigos imaginarios, está Manuel Goreiro, Manolito, con su cara cuadrada y sus pelos parados. El chico de pocas luces llegó a la tira cuando la nena ya no habitaba las páginas de "Primera Plana" sino las de "El Mundo". Pocos saben que Quino se había inspirado para el personaje en el propietario de una panadería de Cochabamba y Defensa, en San Telmo, que fue padre de Julián Delgado, el periodista desaparecido durante la dictadura cuando dirigía la revista "Mercado" (que había fundado) y "El Cronista Comercial", éste último en reemplazo de Rafael Perrota, otro “chupado” por la represión. Lo cierto es que Manolito, pese a que sus características deberían convertirlo en un ser insoportable, se metió a todo el mundo en el bolsillo. Nada menos que un nene que sostenía que "lo bonito de los dólares es ese verde coima tan seductor".

En 1992, Quino manifestaba que Manolito, "con su interés por el dinero y su poca preocupación por la cultura, se convirtió en el prototipo de la clase dirigente". Enorme error: en la actualidad, el almacén Don Manolo ya habría bajado sus persianas ante el avance de los supermercados, las grandes cadenas y los chinos. No hay nada más alejado de un yuppie del estilo Boudou o Fariña que el galleguito simpaticón. A veces filosofaba con crueldad discepoleana. Y créanme: en ocasiones tenía más poesía que la del fantasioso Miguelito, la intelectual Mafalda, la ideologista Libertad, la pacata Susanita o el falto de voluntad Felipe. "Siempre quiere tener razón...y lo que más bronca me da es que casi siempre la tiene", opinó Mafalda de su amigo en una ocasión.

Manolito, sépanlo quienes creen que la poesía es la ralea lacrimógena de los teleteatros de la tarde o lo que dicen los estúpidos que habitan la casa de Gran Hermano, fue un artista incomprendido. Su propio autor, en un arranque de sinceridad, confesó que "el único que me hacía morir de risa era Manolito, que cuando su lápiz se quedaba sin mina le sacaba punta con la uña del meñique". Por eso, cuando Mafalda y sus amigos se despidieron para siempre en junio de 1973 -y, aunque no lo creas, Quino fue acusado de "asesino" por dejar de dibujar al clan-, uno de los personajes más extrañados fue el pequeño brutito, tierno inconsciente, con su mirada ingenua pero cruda y su canastita a cuestas.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)