5 de agosto de 2015

Sus horas predilectas

"Esas horas en las que ya no tenía, por fin, que cavilar ni prever, sino que simplemente permanecía sentado en silencio, recordando todo lo más, eran en efecto sus horas predilectas en la casa, y él las prolongaba hasta que esa meditación quedaba imperceptiblemente convertida en unos sueños igual de pacíficos. En cambio durante el día, sobre todo después de haber trabajado, ese silencio en seguida le parecía demasiado. Escuchar el ruido del lavavajillas en la cocina y el zumbido de la lavadora centrifugando en el baño—y a ser posible las dos a un tiempo— era casi un alivio. Incluso sentado al escritorio fue necesitando, con el tiempo, los ruidos del mundo exterior: una vez, tras llevar meses escribiendo en la torre de un rascacielos prácticamente aislado contra el ruido"

Peter Handke