30 de agosto de 2015

El oficialismo K y sus apelaciones al absurdo


Por Humberto Acciarressi

Mientras millones de personas de la Argentina y los países de la región se encandalizan por los hechos sucedidos en Tucumán, las elecciones a todas luces irregulares y la violenta represión de la policía kirchnerista provincial a una manifestación multitudinaria que se expresaba en paz, los chupamedias K hacen lo imposible para pintar una realidad tan absurda, que ni siquiera los más lelos creen. En el mismo noroeste argentino, días atrás, había ocurrido el crimen del joven radical Jorge Velázquez, en el marco de un crecimiento de la violencia política impulsada por los sectores oficialistas y ligados a ellos, como esa mafia llamada Tupac Amaru, liderada por Milagro Sala y defendida por la presidente de la Nación en una de sus tantas y cada vez más obvias cadenas nacionales.

Ahora, esa vocación de "si-cristinismo" que va más allá de toda vergüenza, tuvo lugar en el Parlamento Nacional. En el recinto, ante el pasmo de muchos, el bloque mayoritario del Frente Para la Victoria de la Cámara Baja se negó a repudiar los hechos sucedidos en la provincia de Tucumán y hasta el crimen del militante de la UCR ocurrido en Jujuy. La jefa del bloque, Juliana Di Tulllio, puede argumentar cualquier cosa para justificar la negativa a algo que repudia casi todo el país, pero se sabe que no existen motivos políticos sino vinculados a la condición humana: la irreductible vocación de Flanders de los legisladores kirchneristas, No es casual que la legisladora haya acusado a los diputados opositores de mostrar la "voluntad de romper una democracia que ha costado mucho construir", algo que hace ella sin pudor alguno.

Paralelamente, los "voceros" oficiosos del gobierno como el relator uruguayo Víctor Hugo Morales, el mediático Brancatelli, el ex menemista a ultranza Jorge Dorio, Eduardo Aliverti (mejor no hablar de ciertas cosas, diría Luca Prodan), se cansaron de cumplir con su papel, criticando como enloquecidos a los tucumanos que habían sido salvajemente reprimidos. Y la presidente de la Nación, apenas le dedicó al asunto unas pocas palabras en la Bolsa de Comercio y, como siempre, matizadas con los elogios desmedidos a su marido fallecido. Mientras tanto, el candidato del FPV, Daniel Scioli, se mantiene en un segundo plano, tratando de digerir las inundaciones y sus consecuencias por la falta de infraestructura, el asesinato del joven radical, la represión en Tucumán, la quema de urnas y hasta las declaraciones de Carlos Tévez sobre la miseria en la pobrísima Formosa, gobernada por el kirchnerista Insfrán.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)