5 de agosto de 2015

El delito de violación más justificado del cine


Por Humberto Acciarressi

La ficción del cine, en ocasiones, genera costumbres perversas, tal vez por lo mismo que sostenía Oscar Wilde, referido a que "la realidad imita al arte". Hace unos años, la feminista norteamericana Marilyn Friedmam había realizado una denuncia que causó un revuelo mayúsculo. Rhett Butler, el capitán sureño encarnado por Clark Gable en "Lo que el viento se llevó", violó a Scarlett O´Hara -interpretada por Vivien Leigh - en la escena cumbre del romanticismo de Hollywood. "Se muestra al violador como a un hermoso hombre cuya dominación es placentera en la cama y a la mujer feliz por tener su propia elección sexual", decía la ensayista. Pero fue otra feminista, la escritora Helen Taylor, quien tomó el guante. Y humildemente, amante del cine y contrario a toda forma de censura, alguna vez escribí sobre este asunto.

Pero mostremos las diferentes caras de la moneda. O mejor dicho, el lado oscuro de la Luna. En la obra de Margaret Mitchell (la autora del libro) la escena no admite ni la más mínima duda. Allí se especifica con pelos y señales la cuestión. Rhett Butler sube a una asustada Scarlett por la escalera y - cito textual - "por la mañana, O´Hara había sido humillada, lastimada y usada brutalmente". En la vida real, especialmente en la actualidad y gracias a la lucha de miles de personas en todo el mundo, la condena sería unánime. Sin embargo, la feminista Taylor - que realizó un estudio con mujeres que vieron la película de Victor Fleming o leyeron el libro - concluyó que la mayoría de ellas sintió la escena eróticamente excitante, emocionalmente conmovedora y profundamente memorable. En buen romance, a pesar de intuir la violación, muchas mujeres la aceptaron de buen grado y hasta se identificaron con Scarlett. Hay que acotar que lo que dice el libro y en el film apenas se intuye, para muchos sienta un precedente perverso: el ocultamiento de un delito aberrante, un pasar gato por liebre con todas las letras.

Para otros, el hecho artístico les crea el marco de un juego ilusorio en el que la culpa queda abolida y toda moral se relativiza. Es de suponer que ni unos ni otros son partidarios de la violación. Triunfo del arte, en todo caso, que llega hasta ese curioso sitio del inconsciente para abrir las puertas de un dilema que está más allá de los límites de esta columna. Sin embargo, de estos delirios que surgen cuando el arte se cruza con la sociología se extraen curiosidades, ya estrictamente literarias. Por ejemplo que "Lo que el viento se llevó" fue el único libro que escribió Margaret "Peggy" Mitchell cuando ya había dejado el periodismo y mientras se recuperaba de un accidente. La obra le demandó una década de escritura, se publicó en 1936 y le valió un Pulitzer unos meses más tarde. El 16 de agosto de 1949, cuando tenía menos de 50 años y a diez del éxito de la película, la atropelló un taxi y la mató. A comienzos de la década del 90, se publicó la supuesta continuación del libro de la escritora de Atlanta. Se tituló "Scarlett" y su autora fue Alexandra Ripley. Pero de ese bodrio, mejor ni hablar.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)