24 de junio de 2015

Laura Antonelli, mucho más que un símbolo sexy


Por Humberto Acciarressi

Laura Antonelli, nacida Laura Antonaz hace 73 años en Pola, Italia (en un territorio que hoy pertenece a Croacia), fue encontrada muerta en su domicilio de Ladispoli, en donde vivía casi recluída desde comienzos de los años 90 -sólo salía para filmar alguna película o para hacer algún viaje-, debido a la depresión causada por sus líos legales que se desataron cuando fueron hallados en su casa unos gramos de cocaína. Finalmente fue absuelta, pero el karma la acompañó hasta sus últimos días. Si mal no recuerdo, casi llegando al año 2000 anduvo por la Argentina, y se sentó a la mesa de Mirtha Legrand. Ya por entonces manifestaba que no le interesaba su pasado de diva, que se encontraba en lucha contra la Italia de Berlusconi y su corrupción, y que ya no le importaba el mundo del cine, desde que unos productores la obligaron a realizarse una cirugía estética que casi la mata y deformó su hermosa, bellísima cara.

Después de su debut en 1965 en la olvidada "Las de 16", de Luigi Petrini, Antonelli se fue convirtiendo con el tiempo en una actriz de referencia. Cuando ya pasaba la era de oro (en materia de belleza juvenil, naturalmente, de Sofía Loren, y aún no era la época de Ornella Muti) Laura se instaló como la diosa sexy. No era para menos: fue una de las bellezas más sugestivas del cine europeo de aquellos años y seguramente será tenida en cuenta en futuras antologías en la materia. Pero además fue una gran actriz, que no sólo estuvo en el corazón de la llamada "commedia all´italiana" -en films de Dino Risi, Luigi Zampa, Luigi Comencini o Lucio Fulci-, sino que alcanzó momentos de gran intensidad dramática con directores como Luchino Visconti (en su última película, "El inocente", con Giancarlo Giannini) o Ettore Scola ("Pasión de amor"). Era obvio que varias películas, como por ejemplo "Malizia", de Salvatore Samperi, explotaran su belleza y sensualidad.

Premiada un par de veces por el máximo galardón del cine italiano, el David de Donatello, Laura Antonelli trabajó con grandes como Vittorio Gassman, Marcello Mastroianni, Turi Ferro, Alberto Sordi, y naturalmente con su pareja durante años, Jean-Paul Belmondo, quien acaba de manifestarse "profundamente triste". Uno de sus amigos, el actor Lino Banfi, dice que la actriz no miraba televisión desde hace treinta años -ni siquiera las tiras en las que participaba ocasionalmente-, y sólo escuchaba Radio María, una emisora religiosa. Causa tristeza saber por los cables que la persona que alegró la vida de tantos millones de espectadores murió, de acuerdo a sus allegados, agobiada, frágil, con rastros de aquella mala cirugía y en la pobreza.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)