7 de junio de 2015

Dos ejemplos de la triste realidad del fútbol "federal"

ANDRES PODLESCH, JUGADOR DE LINIERS QUE EMOCIONO A TODOS LUEGO DEL PARTIDO ANTE RIVER.
Por Humberto Acciarressi

En estos últimos días, el caso de la FIFA y de varias de las asociaciones profesionales que la componen -coimas, estafas, lavado de dinero, sobornos, compraventa de sedes y todos los chanchullos habidos de por medio-, tapó o minimizó con su cimbronazo, muchos acontecimientos vinculados a lo que, por lo menos en la Argentina, es el más popular de los deportes. Apenas unos días antes de que el FBI desencadenara el escándalo más grande de la historia del fútbol en la era profesional (durante el amateurismo estas cosas no ocurrían con tanto desparpajo), en nuestro país había tenido lugar la vergüenza de la cancha de Boca, cuando varios de sus hinchas arrojaron un preparado químico a los jugadores de River, lo que motivó la suspensión del partido, la clasificación del Millonario, que había ganado en la ida en el Monumental y que ahora ya está en las semifinales de la Libertadores, luego de eliminar a Cruzeiro con un baile en Belo Horizonte.

Para quienes no lo recuerdan, ese encuentro del bochorno en la Bombonera había arrancado con un minuto de silencio por la muerte del joven Emanuel Ortega, jugador de San Martín de Burzaco fallecido por traumatismo de cráneo tras chocar contra una pared durante un partido del ascenso. No había pasado una fecha cuando reapareció el luto con el fallecimiento por muerte súbita de Cristian Gómez, de Atlético Paraná, durante el encuentro que su equipo jugaba de visitante contra Boca Unidos, de Corrientes, por la Primera B Nacional. A nadie se le escapa que salvo unos pocos jugadores de unos pocos equipos de Primera División -ni hablemos de quienes ya se han jubilado o no están en actividad con menos de 40 años-, los integrantes de la mayoría de los clubes de todo el país pucherean, se tienen que pagar la ropa con la que juegan, los viáticos y muchas veces ni siquiera cobran un sueldo, por más miserable que sea.

Por la Copa Argentina, River - el equipo que viene ganando todo lo que juega a nivel nacional e internacional, y que tiene un plantel de lujo-, Boca -que gastó fortunas para ganar algo y se quedó sin el pan y sin la torta- y otros grandes, se enfrentan en la primera etapa con equipos que están -en ocasiones- varias categorías por debajo. Y a pesar de eso, esos clubes poco conocidos fuera de sus ciudades juegan dignamente, con una altura y un entusiasmo que debería avergonzar a quienes hacen mucho menos por millones de euros. Al finalizar el encuentro de River y Liniers, que ganó el primero por 2 a 0, el defensor Andrés Podlesch, del equipo bahiense, expresó entre lágrimas de emoción: "Fui hincha de River toda mi vida. Jamás pensé que me iba a pasar esto, lo disfruté al máximo hasta que no di más”. Todos lo vieron y se conmovieron.

Ahora nos enteramos de que uno de sus compañeros, el mediocampista Maximiliano Peña, por cumplir su sueño de jugar contra River en Formosa (él es hincha de Boca) fue despedido de su trabajo como panadero, por un jefe que le dijo que no podía estar cinco días sin vender facturas. Parece un chiste, pero es una tragedia. Gallardo y sus jugadores, más que hablar de River, se refirieron a sus colegas de Liniers y los fueron a saludar al vestuario, lo que los muchachos de Bahía agradecieron. La mejor definición de la actitud del plantel millonario la dio el "payasito" Aimar: "Siempre defiendo el hecho de que futbolistas somos todos". Sin embargo, esta desigualdad lastima. Y si a quienes ahora están pasándose la pelota en las celdas del FBI no le importan los jugadores de los equipos grandes, imaginate lo que pueden importarle estos planteles que ni siquiera se conocen en sus países. Todo muy triste.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)