7 de junio de 2015

Con dos "Gardel" en la bolsa, se presenta el Quinteto Bataraz


Por Humberto Acciarressi

Hasta hace un par de días, el Quinteto Bataraz (una joven formación que interpreta folclore y la integran Sebastián Henríquez en guitarra, Carolina Cajal en contrabajo, Matías Gobbo en bandoneón, Pablo Farhat en violín y Lisandro Baum en piano ), venía presentando el disco que lleva el nombre de la banda. Y en ese marco, este viernes a las 21 se sube al escenario del Teatro de la Media Legua, de Martínez (Aristóbulo del Valle 185), junto a La Cangola Trunca (que también viene de editar un CD, titulado "Calisaya"). Todo esto se mantiene, pero la novedad es que el Quinteto Bataraz arriba a la presentación en la localidad de la provincia de Buenos Aires con nuevos pergaminos: acaba de obtener dos de los premios Gardel como Mejor Album Grupo de Folclore y Mejor Album de Nuevo Artista de Folclore. Lo cual, como te darás cuenta, no es poco, aunque los premios tengan siempre sus bemoles.

En lo referido al “Quinteto Bataraz” hay que destacar que apenas tiene dos años de vida y que nació con el impulso de su factotum, el pianista platense Lisandro Baum. Con una formación e instrumentos generalmente tangueros, sus integrantes se largaron en el ámbito el folclore, lo cual le dio al grupo una singular originalidad estética. En una oportunidad, Henríquez -que conoció a Baum en las épocas del conservatorio- se refirió a este género argentino que nace del mestizaje e indicó que los músicos del país no se sienten "de un lado o del otro, sino de un lado y del otro". Esto, sin quererlo, es una buena definición del quinteto que ahora acaba de dar este gran paso en lo que hace a galardones nacionales.

Como los gardelianos saben, el Zorzal criollo, en sus primeros tiempos, alternaba los tangos con música de nuestro cancionero folclórico. En ese lado menos conocido de su vasto repertorio se encuentra el estilo "Pobre gallo bataraz" (con música de José Ricardo y letra de Adolfo Herschel, estrenado por Gardel en 1930), que le sirve a los integrantes de la agrupación para confirmar que para ellos, es una manera de identificar su música con interpretar folclore con una impronta porteña, un sincretismo que va más allá de cualquier definición. Uno de los intérpretes cuenta que hubo en la historia de la agrupación un amigo misionero, que combinaba la selva con la ciudad, y cuyo apodo era Bataraz. Sea como sea, la música del quinteto es muy buena, los premios son merecidos y este viernes se los podrá escuchar en el Teatro de la Media Legua.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)