16 de mayo de 2015

A una década, ya no se concibe el mundo sin YouTube


Por Humberto Acciarressi

A una amiga le regalaron un caniche toy que le come los sillones y está provocando todo el día a un viejo ovejero familiar que se encuentra más cerca del budismo zen que del entusiasmo de cualquier cachorro. Esta amiga, como si ya no bastaran los millones de videítos que están subidos a YouTube, resuelve filmar al pichicho y sus andanzas caninas. Personalmente, si no canta entera una canción de Pink Floyd, no hay forma que me interese lo que hace un caniche toy en el sitio web más utilizado en el planeta. Y aún así lo dudo, ya que odio a las bandas-tributo y los solistas que reversionan. Pero ella está convencida de que (y así me lo comunica) puede meter a su animalito en el top ten de los más vistos por los millones de usuarios. Yo me río para no llorar.

Mientras, en una perdida ciudad europea de vaya a saber uno qué país, un muchacho acaba de aprender el Sol, el Re y el Mi en la guitarra, y descubre que puede tocar uno de los temas de los Stones. Es pésimo. Tal vez lo sepa, pero se hace filmar por el primo y lo sube a YouTube. Las variantes se acercan a un número cercano al infinito. Y los videos son protagonizados por aspirantes a cantantes, payasos, pianistas, directores de cine, mimos, alegres chupandines, políticos, adiestradores de perros, maestros de albañilería, expertos en el Kamasutra, deportistas extremos y todo lo que se te ocurra. Claro que también pueden verse conciertos de cualquier tipo de música, perlitas inhallables, reportajes a escritores y artistas, piezas de colección de antiguos films, fragmentos de documentales perdidos, imágenes que hasta la aparición de You Tube sólo conocían unos pocos. Y también mucho material altamente creativo: verdaderos cortos de diez minutos que son bellas piezas de arte minimalista. Prefiero no referirme a las barbaridades que suben racistas, asesinos seriales, terroristas o practicantes del bullying, a pesar de las normas que se lo impiden

Todo esto para recordarte que este sitio fue creado hace diez años, por tres empleados de la empresa PayPal, que alternaban las finanzas con los juegos de la net. Exactamente una década basta para afirmar que es casi imposible concebir el mundo sin YouTube. Por eso que los filósofos llaman la aceleración de la historia, con el sitio ha pasado de todo en estos años. El 25 de octubre de 2009, con un recital del U2 360° Tour, se inauguró la era de los conciertos completos transmitidos en vivo. En enero del 2011, ocurrió lo mismo con el cine, con la transmisión de "Life in a day" de Kevin McDonald. En julio del mismo año, se comenzó a pasar -en vivo- partidos de la Copa América. En el 2012, hace tres años, YouTube recibía cuatro mil millones de visitas diarias. Los números actuales casi nadie puede mensurarlos. En realidad poco importa. Pasada cierta cifra, cualquier cosa es infinita. Esto es algo que -hace una década- estaban lejos de imaginar Chad Hurley, Steve Chen y Jawed Karim, los creadores de la criatura.


(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)