15 de abril de 2015

Günter Grass, la muerte que no puede pasar inadvertida


Por Humberto Acciarressi

La muerte de Eduardo Galeano -por cercanía, por moda, por desconocimiento o simplemente porque en las redes sociales circulan fragmentos de una realidad más vasta e inabarcable - tapó en este remoto extremo del mundo el fallecimiento del premio Nobel de Literatura y autor esencial de la posguerra, Günter Grass. Sus opiniones políticas podrían, también, ser uno de los motivos. Aunque eso tendría sus bemoles. Sería como ignorar una de las mejores novelas del siglo XX, "Viaje al fin de la noche", porque su autor, Louis-Ferdinand Céline, simpatizó con el antisemitismo del régimen nazi; o que Ezra Pound, con su obra monumental, su influencia y promoción de escritores como Eliot, Joyce, Frost, Hemingway, William Carlos Williams, y varios más, debe relegarse por su apoyo a la dictadura de Mussolini; o esquivar que nuestro Leopoldo Marechal apoyó con más entusiasmo que un español anti republicano, el fascismo franquista. La lista es infinita y no escapa Günter Grass, quien contó en "Pelando la cebolla", que a los 17 años (nació en 1927 y tenía 18 cuando terminó la Segunda Guerra), sirvió unos meses en la 10° División Panzer SS.

Lo cierto es que poco después de concluida la guerra, Grass se entregó a una pasión que su familia no aprobaba y sus amigos criticaban: dedicarse a las letras. Sin embargo, salvo algunos poemas y obras de teatro, fue recién en 1959 cuando inició con "El tambor de hojalata" lo que se conoce como la trilogía de Danzig (que completan "El gato y el ratón" y "Años de perro"), que su nombre se proyecta al mundo entero por los cambios revolucionarios que introdujo en la literatura alemana, además de convertirse en la "conciencia moral" -así se lo denominó- en los años de la primera y segunda etapa de la posguerra. Curiosamente, ni aún de joven, Grass estuvo bajo la influencia del filo nazi Heidegger sino del humanista existencialista Albert Camus. Y entre las obras del francés, especialmente de "El mito de Sísifo". Con los años, Grass escribió libros como "El rodaballo", "La ratesa", "Anestesia local", "Malos presagios", "A paso de cangrejo", entre otros. En 1999 se alzó con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y con el Premio Nobel de la Literatura.

Cuando le llegó esa consagración universal (acompañada por las críticas a su "pasado" adolescente), ya habían transcurrido cuatro décadas desde la publicación de "El tambor de hojalata", ese libro conmovedor que cuenta la historia de Oscar Matzerath, que comienza en el hospicio en donde está internado. La terrible historia del partido nazi está narrada en los recuerdos -en tercera persona- de este joven de casi 30 de edad, que asqueado del mundo de los adultos resolvió, en sus ya lejanos 3 años, dejar de crecer y salir a flote gracias a tener siempre a mano su tambor. Ese libro, el más famoso de Grass, tuvo varias adaptaciones teatrales y cinematográficas, aunque sin duda la mejor es la de Volker Schlöndorff, ganadora al Oscar a la mejor película extranjera en 1979 y la Palma de Oro de Cannes conjuntamente con "Apocalypse Now". Libro y película son brillantes. Tanto Grass como su pequeño personaje Matzerath nacieron en la ciudad libre de Danzig, luego bajo el protectorado polaco, hasta que perdió esa condición cuando las tropas nazis la tomaron por asalto. Más allá de cualquier palabra, el mejor homenaje que se le puede hacer al escritor alemán que acaba de morir, es leer ese y sus otros libros. Todavía no se ha inventado un tributo mejor.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)