15 de febrero de 2015

El desamorado Al Capone, en su San Valentín más feliz

Por Humberto Acciarressi

De acuerdo a lo que sostiene su leyenda, Al Capone -sinónimo internacional e histórico de la palabra "mafia"- no era un tipo que le tenía demasiado cariño a las mujeres. La afirmación toca, de acuerdo a algunas fuentes históricas, a su propia esposa, la irlandesa Mae Josephine Coughlin. De hecho, cuando Alfonso todavía no era Al, algunos de sus jefes le daban como encargo pegarle a las jóvenes que frecuentaban los ambientes de los gánsters. Más aún, su apodo de "Caracortada" (Scarface) le vino por ese lado, ya que estando en un bar se puso a insultar a una chica, que resultó ser la hermana de Frank Gallucio, un matón de poca monta, que con una navaja le marcó la cara al futuro mafioso (una curiosidad es que, más tarde, Capone contrataría a su agresor como guardaespaldas).

Como puede observarse, si hay algo que jamás le interesó a Capone fue el Día de San Valentín, mundialmente conocido como el Día de los enamorados, que como se sabe es el 14 de febrero en casi todo el planeta. Pese a eso, en su posterior carrera como capomafia, el hecho más atroz que cometió ocurriió en esa jornada del año 1929, el mismo que la historia conoce como la Matanza de San Valentín. Desde 1925, Capone ya era dueño del hampa de Chicago y venía exterminando a todos sus rivales. Además, como principal distribuidor de alcohol en plena Ley Seca, veía crecer su fortuna y sus contactos en los más altos niveles políticos y policiales. Apenas quedaban un par de bandas que se le oponíian: la de Aiello y la de Bugs Morán. Y así se llegó al 14 de febrero de 1929, en plena Depresión en los Estados Unidos y el mundo.

Ese día que inspiró libros, series televisivas y películas, además de convertirse en un modelo del accionar mafioso, encontró en un garage de la calle North Clark 2122 a la plana mayor de la banda de Morán: James Clarck (cuñado del jefe), Adam Meyer, John May, Al Weinshank, los hermanos Frank y Pete Gusenburg y a un doctor que le encantaba codearse con criminales llamado Reinhardt Schwimmer. El único ausente era Bugs Morán, que llegó más tarde. En determinado momento, un auto, más precisamente un patrullero, se acercó a la bodega. Tres policías y dos civiles bajaron y ordenaron a los siete presentes ponerse de cara a la pared. Era raro, ya que estos últimos habían pagado su cuota a la policía. Y así lo informó Clarck a los hombres armados que los apuntaban, sólo para recibir el culatazo de una ametralladora Thompson.

En tanto, en ese mismo momento, Bugs Morán llegó al lugar y, al ver la patrulla, corrió a un bar de la esquina para seguir desde alli lo que ocurría. Dentro de la bodega comenzó el fusilamiento y es de suponer que jamás los muertos supieron que no los había matado la policía, sino un grupo de mafiosos enviados por Al Capone, entre quienes estaba el feroz "Machine Gun". La Matanza de San Valentín se convirtió en un suceso tan mediático, que contrariamente a lo esperado, fue el comienzo del fin de la decadencia de Capone, que apenas dos años más tarde fue condenado por evasión de impuestos, gracias a Eliot Ness y sus "Intocables". El mafioso más famoso de la historia cumplió su condena en Alcatraz, salió enfermo y arruinado psíquicamente en 1939, y murió de un derrame cerebral en 1947, en Florida, donde vivía recluído del mundo exterior. Curiosamente Bugs Morán, cuya banda quedó desarticulada el día de la masacre, sobrevivió a su victimario una década más. Recién murió en 1957.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)