18 de enero de 2015

Cinco años sin Sandro, el Elvis Presley argentino

Por Humberto Acciarressi

Por esos azares, bromas o gambitos del destino, a veces se producen cosas que huelen menos a casualidades que a otro asunto. No vamos a andar con vueltas. Tal vez sea esa manía de uno de andar buscándole patas a un gato que sólo tiene la que la naturaleza le dio. Aún así digamos que hace cinco años murió Sandro y hace ocho décadas nació Elvis. Y como todos saben, el gitano más famoso de Latinoamérica fue el émulo más perfecto de Presley, desde los tiempos en que llegó a la televisión de los años 60 con su rock and roll en castellano, antes que Los Gatos y compañía. Es verdad que a partir de cierto momento se convirtió en el baladista por el que las mujeres hicieron las cosas más insólitas desde abajo del escenario. Agreguemos que las pasiones pueden ser justas, arbitrarias, incomprensibles, compartidas, pero no nacen de la nada.

Señalemos con todas las letras que Sandro y Los de Fuego, tal el nombre de su legendario grupo, hoy es apenas un recuerdo, aunque bien debería ser una referencia obligada en la historia del rock del país. Como suele ocurrir, varias veces fue rechazado por las discográficas, hasta que en noviembre de 1963, en los estudios de CBS, la banda grabó "Hay mucha agitación", cover del tema de Jerry Lee Lewis. Ese fue el comienzo de una carrera que incluyó unos 52 discos con más de 22 millones de placas vendidas, de acuerdo a las estadísticas menos generosas. El "Elvis" argentino saltó al The Black Combo (con su primer LP en vinilo) y se puso face to face fente al almibarado Palito Ortega. Al tucumano, las madres lo querían de novio para sus hijas. A Sandro, lo querían de amante para ellas.

Las críticas a su época de baladista romántico no impidieron que años más tarde, desde Patricia Sosa hasta Charly García, desde Javier Martínez hasta Attaque 77, los músicos lo pusieron en el cielo de los homenajes. Cuando en los carnavales de 1970 cantó frente a 60 mil personas en el viejo estadio de San Lorenzo en la avenida La Plata, Sandro ya tenía varios discos en su cosecha y muchos más corazones ganados. Con el tiempo, su leyenda, su vida personal, su pasado en cuentagotas y su música, se fueron convirtiendo en una película en tiempo real con fanáticos (encabezados por quienes él llamaba "mis nenas") y detractores. El misterio de su música va más allá de lo estético.Las mujeres que le tiraban sus bombachas al escenario deben saber algo que nosotros ignoramos.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla aca)