24 de diciembre de 2014

La mediática Vicky Xipolitakis quería su Cromañón particular


Por Humberto Acciarressi

Al día de hoy -no me avergüenza confesarlo- no sé a qué se dedica Vicky Xipolitakis. Dicen que es vedette, pero como ese suele ser un eufemismo para calificar a cualquier mediática (o eventualmente mediático), no estoy seguro. Lo que sí sé porque vivo en el mundo real, es que está siempre en televisión, ha protagonizado escándalos, a veces es divertida, y fue junto a su hermana -o es- una amadrinada por Moria Casán. En realidad me importa un bledo quién es la famosa "griega". Pero en un país que carga con el triste karma de tener el mayor número de muertos del mundo en un recital de rock -los 194 de la tragedia de Cromañón, los suicidios posteriores, los centenares que nunca se recuperarán-, lo que acaba de hacer esta mediática no tiene nombre. O sí: irresponsabilidad

En resumen, la Xipolitakis cumplió años y quiso celebrarlo a lo grande. Olvidó un dato esencial: el lugar que había contratado no era el Monumental de River, sino un boliche de Palermo con capacidad -según la dueña- para 200 personas. Siempre de acuerdo a la propietaria del lugar -el restó Marina Love atendido por los propietarios, al que concurren otros famosos- cuando ella menos se lo esperaba ya tenía dentro del restaurante unas 400 almas, y una veintena de vecinos había llamado para quejarse por el despelote armado un lunes a la noche. Mientras, por el sitio, se apiñaba gente semimediática, algunos periodistas que pudieron entrar -esos que por unos bocaditos, y no por vocación, son capaces de meterse en Afganistán en una fiesta de talibanes-, colados varios, un disfrazado de Papa Noel y una banda de música que buscaba un enchufe para meterle pila a la noche.

Lo cierto es que comenzó a sonar la música, los vecinos articularon una suerte de protesta barrial y la cumpleañera dijo que tenía fuegos artificiales para tirar (si, leíste bien). Entonces cayó la policía. No pregunten cómo, pero de acuerdo a lo que vi en televisión, dos de ellos -me refiero a los uniformados- terminaron dándole un beso de "feliz cumpleaños" a la Xipolitakis. Aprovechando la oportunidad, la dueña del local cerró la puerta cuando todos ya estaban en la vereda posando para las fotos y mirando las cámaras. Con grititos que se convirtieron en quejas y denuncias contra el boliche, la mediática dijo: "Yo traía banda, música, fuegos artificiales y parece que no querían todo eso. Yo vengo a festejar un cumpleaños, no a un velatorio". Ella y su grupo de amigos se fueron caminando por la calzada empedrada buscando otro bar, que finalmente encontraron. Las velitas las sopló en la calle y tiró la torta al piso. Me olvidaba: la fiestita le costó 200 mil pesos, y vaya a saber lo que habría pasado si el delirio no se detenía a tiempo. Por cierto: dentro de siete días se cumple una década de la tragedia de Cromañón.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)