12 de diciembre de 2014

El tiempo en que Robin Hood era una colección de libros


Por Humberto Acciarressi

Aunque fue creada en 1941 por Modesto Ederra, propietario de la editorial Acme Agency de Buenos Aires, todos los ingenuos que nacimos mucho tiempo después, estamos convencidos de que los libros de la colección Robin Hood pertenecen a nuestra infancia. Claro que cuando uno comienza a consultar con lectores más grandes y más chicos, advierte que aquellos libros de tapa amarilla marcaron la infancia de varias generaciones y no sólo la propia. Bastante venidos a menos, aún pueden conseguiirse algunos en librerías de viejo porteñas. Nos referimos, claro, a aquellos 227 títulos que, según los estudiosos, fueron publicados hace varias décadas, aunque -como entonces no existía la norma internacional ISBN- hay quienes sostienen que en realidad fueron unos cuantos más. El primero de ellos, esto es seguro, fue "Mujercitas", de Louisa May Alcott.

Además de la inconfundible portada, las ilustraciones alegóricas en blanco y negro en las páginas interiores, y muchas veces con cortes arbitrarios y traducciones dudosas, libros como "La vuelta al mundo en 80 días" de Julio Verne, con imágenes de Pablo Pereyra; "Príncipe y mendigo" de Mark Twain, ilustrado por José Clemen; "Los viajes de Marco Polo" con dibujos de Cristóbal Arteche, entre otros, sirvieron para que miles de chicos tuvieran su primer contacto con la literatura. En aquellos años de oro de la industria editorial argentina, cuando todo el mundo hispanoparlante se nutría de lo producido en el país, en cualquier casa de clase media había obras de Mark Twain, Julio Verne, Jack London, Emilio Salgari, Sarmiento, Miguel Cané, Cervantes, Melville, por nombrar algunos al voleo. Ya en la década del 60, no quedaba ninguna biblioteca de escuela sin las largas hileras amarillas de la colección Robin Hood.

Alguna vez me tomé el trabajo de sondear recuerdos de mucha gente de diversa edad, para un trabajo sobre los libros editados en la Argentina. De la colección que hoy recordamos, los más mencionados fueron "Los tigres de la Malasia" de Emilio Salgari, varios de Jack London, "Corazón" de Edmudo D´Amicis, "El último de los mohicanos" de James Fenimore Cooper, la serie de "Bomba" de Roy Rockwood, los de Julio Verne. Y un dato muy curioso que se da en obras adaptadas para chicos, incluyendo clásicos como "Alicia en el país de las maravillas" o "Los viajes de Gulliver", es que muchos ignoran quienes eran los autores. Pocos imaginan, incluso, que esas aventuras divertidas y fascinantes, habían salido de las imaginaciones torturadas de futuros suicidas, como Salgari o Jack London. Hubo, con posterioridad, reediciones de títulos sueltos de aquella gran colección de Acme Agency, algunas muy recientes. Pero en la actualidad, el nombre Robin Hood se asocia más al cine que a los libros, incluyendo aquel de autor anónimo que dio nombre a la colección, que trataba la leyenda del célebr forajido medieval inglés.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)