21 de octubre de 2014

¿Y si como dice el tango, la fama es puro cuento?


Por Humberto Acciarressi

El gran escritor J.D. Salinger y la actriz Greta Garbo, por nombrar sólo a dos, a partir de cierto momento nunca se dejaron sacar una foto. La sueca alguna vez dijo:"Mi vida ha sido una travesía de escondites, puertas traseras, ascensores secretos, y todas las posibles maneras de pasar desapercibida para no ser molestada por nadie". Y ya que estamos de citas, podemos recordar a Rainer María Rilke, quien escribió que "la fama es la suma de malos entendidos que se resumen alrededor de un hombre". No hace mucho, científicos de Harvard apoyados en el buscador de Google, llegaron a dos conclusiones: actualmente la humanidad olvida más rápido y a la fama se llega muy rápido y dura poco. Lo que no aclaraban, claro, es a qué "fama" se referían.

En realidad serviría de poco, ya que la fama tiene tantas acepciones que cualquiera es famoso y casi nadie lo es ¿Es famosa una persona por la notoriedad que tiene en la mirada de le gente como sugería Rilke, es decir el infierno en "la mirada de los otros" de acuerdo a Sartre?, ¿lo son los llamados mediáticos, que representan mejor que nadie el vaticinio de Andy Warhol sobre los mentados "quince minutos de fama"?, ¿hace falta ser visible para ser famoso? Parece que no, ya que lo es Jack El Destripador, y después de un siglo y pico de sus crímenes aún se ignora quien fue. La fama, sin duda alguna, es un animal demasiado veloz para el entendimiento de la mayoria de los mortales. Pero lo cierto es que por acceder a es entelequia con demasiadas definiciones, hoy más que nunca hay gente dispuesta a mostrar sus peores bajezas en público, regodearse con los observadores de sus vergüenzas desvergonzadas, e inventar delirios varios para seguir encumbrados.

O sea que por lograr lo que ellos creen que es la fama, se pasan años de su vida aprendiendo a tocar La Marsellesa con un sorbete en la nariz, llorar por cualquier cosa en cámaras, realizar acciones que avergonzarían al Marqués de Sade, tirarse desnudo/a en paracaídas para que lo contraten para bailar en un programa televisivo (que a su vez centuplicará eso que ellos llaman "fama"), grabarse en videos pornográficos y llevarlos en el celular con la esperanza de que se los robe un periodista de la farándula, convertirse en asesino serial para ganarle en entradas al Libro Guinness a criminales como Ted Bundy (esto sobre todo en Estados Unidos), comerse 25 mil hamburguesas (existe, se llama Gorske y tiene 60 años si aún no murió), pasarse todas las horas de su vida consiguiendo followers para las redes sociales. La triste verdad es que hay artistas y científicos que se hacen célebres después de muertos, mientras personas que no captan la diferencia entre un incendio y un cuadro de Velázquez, se llenan de plata por ser, simplemente, estúpidos.


(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)