21 de octubre de 2014

Valerie Solanas, la feminista que casi mata a Andy Warhol


Por Humberto Acciarressi

Por sus delirios de todo tipo (técnicamente era esquizofrénica), sus escritos bizarros y anacrónicos, las estupideces con las que aburría a hombres y mujeres de la Factoría de Andy Warhol, y la manera con la que quiso obtener propaganda en vida y póstumamente, Valerie Solanas debería ser más recordada. Fracasados y marginales como ella abundan en las recreaciones de los que sienten atracción por lo bizarro, entre quienes -naturalmente- me cuento. Es verdad que inspiró algunas canciones (una de ellas de Lou Reed, "I Believe") y una muy buena película de Mary Harron, titulada "I shot Andy Warhol", con la gran actuación de Lili Taylor, que circuló por los circuitos independientes hacia fines de la década del 90, luego de un pase por Cannes.

La vida de Valerie Solanas no fue precisamente un lecho de rosas. Para comenzar, su padre abusaba sexualmente de ella y, aunque no se sabe con certeza, algunos sostienen que el hijo que ella tuvo a los 15 años era su hermano. Contrariamente a lo que algunos creen, no fue una adolescente poco agraciada intelectualmente, sobre todo si se considera que viviendo en la calle -donde se drogaba y prostituía- terminó la secundaria y tomó cursos en las universidades de Berkeley, Maryland y de Minnesota (hay escritos suyos en los que cuenta pasajes de ese tramo de su vida). Aunque aún no había sido diagnosticada, Valerie ya sufría, cada tanto, algunas de sus "crisis nerviosas", eufemismo para referirse a su enfermedad mental. Como se sentía una artista, hacia mediados de los años 60, en plena explosión del pop, se instaló en el Greenwich Village.

En ese barrio icónico de la época, la joven comenzó eso que podríamos llamar su mayor drama. Solanas, embriagada de narcóticos, escribió una obra que tituló "Up your ass" y se la llevó a Andy Warhol. El emblema del pop, en la cima de su ego monumental, le pidió la pieza para leerla, cosa que jamás hizo. El asunto es que Valerie comenzó a llamarlo todos los días, primero para conocer su opinión y luego para reclamarle el borrador. Harto de ella, con crueldad, Warhol le dijo que lo había perdido. A continuación pasaron cosas extrañas: ella pidió dinero, él le contestó que no, ella insistió, él le ofreció un papel en una película ("I, The Man") y le pagó 25 dólares, para luego sacársela de encima. En esos días, Valerie escribió y publicó su "Manifiesto Scum", el libro paranoico y psicótico típico de una feminista radical, que proponía exterminar a todos los hombres.

Si hay algo que no se le puede criticar a esta demente es no ser congruente en su incongruencia. El 3 de junio de 1968, Solanas fue a la Factoría, luego de haberse maquillado, algo novedoso en ella. También llevaba escondido un revolver. En la oficina de Andy se encontraban, también, Fred Hughes y el crítico de arte Mario Amaya. Abreviando puede decirse que Valerie, cuando nadie lo esperaba, sacó el arma y le disparó tres tiros a Warhol, otro en la cadera a Amaya y un quinto al encargado de The Factory. Sin saber si había o no matado al artista y a sus amigos, salió y se entregó a la policía. Fue a juicio y Andy -con secuelas del atentado que le duraron de por vida- se negó a declarar contra ella. Sin embargo recibió una condena de tres años, pero como fue inhabilitada mentalmente, ese fue el inicio de un periplo de hospitales psiquiátricos. Esta desafortunada mujer dejó este mundo dos décadas más tarde, el 26 de abril de 1988, a los 52 años. Unos meses antes había muerto Andy Warhol, el artista que había vaticinado, para todo el mundo, los quince minutos de fama que tuvo Valerie Solanas.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)