10 de octubre de 2014

Carta de Julia Kristeva a Malala Yousufzai


Malala Yousafzai, que acaba de obtener (compartido con el presidente de la Marcha Global contra el Trabajo Infantil, el indio Kailash Satyarthi) el Premio Nobel de la Paz, es una joven paquistaní conocida por su defensa del derecho a la educación femenina en su país y que el 9 de octubre de 2012 fue víctima de un atentado llevado a cabo por un grupo vinculado a los talibanes. Nació el 12 de julio de 1997 en la ciudad de Mingora, Pakistán, y adquirió notoriedad al escribir, a los 11 años, un blog para la BBC utilizando el seudónimo de Gul Makai. En la actualidad tiene 17 años. Malala también recibió el Premio Simone de Beauvoir por la ‘Libertad de las Mujeres 2013′. Como consecuencia de los disparos recibidos en la cabeza en el atentado talibán, Malala no pudo ir a recibir ese galardón. Por ese motivo, Julia Kristeva le escribió la carta que reproducimos a continuación y se la leyó por videoconferencia. Me gustaría que te tomes el tiempo de leerla:



"Querida Malala Yousafzai: Me dirijo a usted sabiendo que su salud mejora y que, aún cuando una videoconferencia todavía debe resultarle difícil, le será posible seguir la transmisión de este acontecimiento.

Es con gran afecto y admiración que le entrego el Premio Simone de Beauvoir por la Libertad de las Mujeres 2013 en nombre del Jurado Internacional que acaba de otorgárselo, y estoy convencida de que lo hago para gran alegría de todas las mujeres del mundo que siguen con fe, esperanza y orgullo su lucha contra el integrismo. Su blog, querida Malala Yousafzai, titulado “Diario de una escolar paquistaní”, que usted comenzó a la edad de 11 años en el sitio de la BBC –hoy tiene apenas 14 años– reveló al mundo el restablecimiento de la sharía en la región de Swat, al noroeste de Pakistán, con el cierre y la destrucción de las escuelas de mujeres, y su temor a no poder volver a la escuela.

Bajo el seudónimo de Gul Mikai, su joven voz se templaba y dejaba oír bajo el miedo una valiente protesta: "Como hoy es el último día de clases –escribía usted–, decidimos quedarnos a jugar en el patio de recreo un poco más, espero que algún día abra pero, al partir, miré el edificio como si fuera la última vez". Y también: "Tengo miedo de ir a la escuela porque los talibanes emitieron un edicto por el que excluyen a todas las niñas de las escuelas. Quedan sólo once alumnas de una clase de 27. La cantidad baja por el edicto de los talibanes. Mis tres amigas se mudaron a Peshawar, Lahore y Rawalpindi con sus familias luego de la aplicación de esa ley. En el camino de regreso de la escuela a casa, oí a un hombre decir: ‘Te voy a matar’. Aceleré el paso y un poco más adelante miré hacia atrás para ver si el hombre me seguía. Me alivió comprobar que hablaba por su teléfono celular y probablemente amenazaba a otra persona".

Los talibanes entonces la tomaron como blanco por ser "una pionera de la defensa de la laicidad y la Ilustración", reconocía textualmente el portavoz de ese movimiento terrorista. Usted recibió el apoyo de sus padres y en particular de su padre, profesor de escuela, que expresaron su orgullo al verla comprometida con esta causa. Y, aun cuando el gobierno paquistaní le otorgó el Primer Premio Nacional de la Paz, usted fue cobardemente agredida, gravemente herida en la cabeza y hospitalizada de urgencia primero en Pakistán y luego en el Reino Unido. Ese ataque bárbaro fue condenado por el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y la Premio Nobel de la Paz iraní Shirin Ebadi y provocó una ola sincera de protestas en un mundo indignado.

Usted se ha convertido en un símbolo de coraje y esperanza. Porque el derecho de las niñas a la educación y la cultura es una condición indispensable para la emancipación social, económica y política y para la libertad de pensamiento de las mujeres. Permítame hacerle una confesión, querida Malala, a usted que ama leer y escribir. Al oír su nombre de pila, Malala, que quiere decir "afligida por la pena" en lengua urdu, pienso en un gran escritor francés, Marcel Proust: él nos enseñó, querida Malala Yousafzai, que "las ideas son sucedáneos de las penas".

Hoy, la "afligida por la pena" que es usted es una niña celebrada y admirada por todas las mujeres que quieren estudiar y ser libres. De ahora en más, gracias a usted, Malala quiere decir que es posible vencer la pena por la más noble de las ideas, la idea de libertad, fuente de valentía y alegría. Gracias a Malala, la idea de libertad se hace nuevamente posible incluso en los territorios donde la barbarie aún siembra la tristeza y el crimen. Sí, la idea de libertad que sigue a la pena se llama hoy Malala. Usted lo dice, lo decimos nosotros a todas las niñas de la Tierra, a todas las mujeres y todos los hombres que apoyan su causa, que la apoyan a usted.

Finalmente, algunas palabras para recordarle, a usted y a aquellas y aquellos que nos miran y escuchan, cuál es el compromiso del Premio Simone de Beauvoir. Creado para el centenario del nacimiento de la escritora y filósofa francesa Simone de Beauvoir (1908-2008), el Premio Simone de Beauvoir por la Libertad de las Mujeres se propone recompensar la obra y la acción excepcionales de mujeres y hombres que, fieles al espíritu de Simone de Beauvoir, contribuyen a promover la libertad de las mujeres en el mundo. Lo otorga anualmente un jurado internacional de una treintena de personas: mujeres y hombres, feministas, humanistas, escritores, filósofos, artistas y universitarios.

Con este premio, recordamos que Simone de Beauvoir inauguró una nueva etapa, una verdadera revolución antropológica, en la condición femenina, cuando escribió: "No se nace mujer: se llega a serlo". "¿Cómo puede realizarse un ser humano encerrado en la condición femenina? Al interesarnos en las posibilidades del individuo, no definiremos sus posibilidades en términos de felicidad sino en términos de libertad", escribió esta pensadora y activista en su libro El segundo sexo de 1949.

Consideramos, sin embargo, que diversos oscurantismos siguen explotando la miseria económica y los conflictos políticos para oprimir y perseguir muy particularmente a las mujeres, pese a los avances considerables logrados gracias a las luchas de las mujeres, con Simone de Beauvoir y después de ella. En este contexto que amenaza con agravarse bajo el peso de la crisis económica, financiera y existencial, nos inspiramos en el pensamiento de esta escritora, cuya obra todavía hoy sostiene la esperanza de numerosas mujeres enamoradas de la libertad y la resistencia al terrorismo económico, político y religioso en todas sus formas y en todos los continentes: un pensamiento que la invito a leer y releer.

"El fin supremo al que debe apuntar el hombre es la libertad, lo único capaz de fundar el valor de todo fin. La libertad no será jamás dada sino siempre conquistada", dijo en su ensayo Para una moral de la ambigüedad (1947). "Somos libres de trascender toda trascendencia, siempre podemos escapar hacia un más allá, pero ese más allá sigue estando en algún lugar, en el seno de nuestra condición humana; nunca escapamos de ella y no tenemos ningún medio de examinarla desde afuera para juzgarla. Sólo ella hace posible la palabra" (Pirro y Cineas, 1944). En Memorias de una joven formal (1958), Beauvoir escribió: "Ya no había un dios que me amara, pero yo ardería en millones de corazones. Al escribir una obra que se nutriera de mi historia, me crearía a mí misma de nuevo y justificaría mi existencia".

Quiero recordar estos principios hoy, cuando por primera vez es una joven la que es premiada por su desvelo, su inteligencia, su apego a la educación y la cultura, su sed de libertad. Le agradezco a su padre por ser el mensajero de nuestra admiración y nuestros deseos de rápida recuperación, con la esperanza de verla pronto con nosotros en nuestras luchas comunes"


Julia Kristeva