30 de septiembre de 2014

La triste historia del pelado más chiflado


Por Humberto Acciarressi

Si uno dice Jerome Lester Howard (1903-1952), es difícil que alguien siquiera sospeche de quien hablamos. Si se añade que fue uno de los personajes más castigados en la historia de la pantalla y uno de los grandes cómicos del siglo XX, todavía se podrá estar en "veremos". En cambio, si apenas mencionamos "Curly", ya todos sabrán que nos referimos al más surrealista de esa corte de los milagros que fueron Los Tres Chiflados, que en realidad fueron ocho en 206 filmaciones que hizo el trío. Fue, antes que Yul Brynner, Luca Prodan y su imitador el Indio Solari, el pelado más notorio. Y ninguno sufrió como él a consecuencia de su fama. Era, además, el hermano de Moe, el psicótico del pelo cortado a la taza que en cada episodio le propinaba más golpes que a una pelota, le masacraba la calva con taladros, o le metía los suficientes piquetes de ojos como para que el propio espectador tramara venganzas irrealizables.

No todos saben que el día en que los hermanos Shemp y Moe debutaron con el nombre “Howard y Howard” lo hicieron en un restaurante vacío, cuando todos ya se habían retirado con el estómago satisfecho y el gusto de haber reído con otros cómicos. Sin embargo, los Howard hicieron su rutina para una sola persona: el otro hermano, Curly, que aplaudía a rabiar. Ese era el pelado, que por entonces aún tenía una bella cabellera para seducir a las chicas que frecuentaban los vodeviles. Un ser sensible, que en la vida real era, paradójicamente, el protegido de Moe. Un día tuvo que cortarse los rizos de su cabeza para sumarse al grupo. Alli comenzó su drama. Las chicas dejaron de mirarlo, su poder de seducción decayó a límites de pesadilla. Con el cráneo estragado por las tijeras se enfrentó a las cámaras. Y en medio de su tristeza, su fama comenzó a saturarlo. Llevaba el enemigo en si mismo, como un “alien” en el estómago. “Los Tres Chiflados” se convirtieron en un boom y sus cortos se difundieron por las 156 estaciones televisivas de los Estados Unidos (vale aclarar que ninguno de sus integrantes jamás recibió un centavo por esas apariciones en la pantalla chica).

A los años de gloria le sucedieron los peores tiempos, con el pelado entregado al alcohol, a las depresiones y al olvido de los diálogos de los guiones. Un mal día sufrió quedó hemipléjico y fue reemplazado por su hermano Shemp, otro “stooge” histórico. En 1952 murió con el hígado partido en mil pedazos. En el velorio, Moe expresó dolorido: “Yo sabía por qué mi hermano Curly se emborrachaba. El haberse rapado la cabeza lo hacía sentirse rechazado por las mujeres y para encararlas se envició con el alcohol”. En la Argentina de años atrás, “Los Tres Chiflados” tuvieron el beneficio del público. La compasión por el pelado fue similar a la que se tiene por el pobre Coyote ante su torturador, el insoportable Correcaminos. Pero la historia está a favor de los pequeños. El calvo Curly, en la actualidad, tiene el amor de los “chifladoadictos”. En una suerte de desagravio por lo que sufrió en los sets y fuera de ellos, su tumba, como la de Elvis, Gardel o Jim Morrison, es la más visitada por los cultores del trío. Incluso, la hija de Moe escribió una biografía sobre su tío, que forma parte de una gran cantidad de obras inspiradas en Curly y sus compañeros de chifladuras. Aunque a él no le sirva de nada, es un muerto ilustre.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)