2 de septiembre de 2014

La loca historia de Freitas y sus millones de vinilos


Por Humberto Acciarressi

Es inevitable. Lo sabe cualquiera que tenga una buena biblioteca, discoteca o DVDteca personal. Llega un momento, por más grande que sea su casa, que hay que ejercer esa forma de la crítica consistente en deshacerse de algunas miles de piezas (Borges sostenía que la misma equivalía a ordenar una biblio, pero creo que se equivocaba). El desprendimiento es doloroso, pero se sobrevive. Aunque a veces, cuando alguien menos lo sospecha, se extraña. No la cantidad, ya que cualquiera sabe que pasados los cinco mil volúmenes, unos cientos no hacen a la cuestión, sino determinada pieza. Es la nostalgia por los objetos, que bien o mal, existe. Ahora nos enteramos que hay alguien que atravesó la frontera del número sin problemas. Se llama Zero Freitas, es brasileño, tiene cinco millones de discos de vinilo y fue entrevistado por la BBC.

En líneas generales, debe señalarse que este sujeto (ojo, entra en el rubro del coleccionismo, que no es lo mismo que los enunciados líneas arriba) tiene 60 años, arrancó el siglo XXI con "apenas" 100 mil unidades, y un día accedió a eBay y enloqueció. Se compró todo lo que pudo, que naturalmente es muchísimo. Incluso los enormes lotes de los máximos coleccionistas del mundo que se deshacían de sus piezas. Se jacta de no haber vendido jamás un disco y de recibir donaciones de gente que se quiere sacar de encima sus vinilos. Vive de una empresa familiar de transportes de San Pablo. El dinero no es problema para él.

Freitas, entre otras cosas, aclara que de las cinco millones de placas, apenas unas 500 mil son brasileñas. El resto es de música extranjera, e incluso hay grabaciones de voces de personajes célebres, como por ejemplo Adolf Hitler. Su colección tiene un precio que va de los 2 a 2,5 millones de dólares, pero ni sueña con vender algo. Al contrario, se las ve en figurillas para trasladar a su casa algunas donaciones, como una de cinco mil discos de música clásica que le han obsequiado en Paris. A veces tiene problemas: no hace mucho tenía ganas de escuchar un álbum de Tom Jobim, pero no pudo encontrarlo. O dice que le gustaría tener la versión inglesa de "London, London", de Caetano Veloso.

Zero Freitas va al psicoanalista. Como cualquiera, Pero él aclara que en su caso es para "tener una relación equilibrada con sus discos" y "no ser un esclavo de ellos". Esto puede parecer un chiste en alguien que tiene cinco millones de vinilos y espacio para llegar al doble, pero el coleccionista asegura que no. Mientras leés estas líneas, varios estudiantes de historia trabajan con él -gracias a un convenio- y le catalogan las unidades. Su sueño es subir el catálogo a internet para todo aquel que quiera acceder gratuitamente a un disco determinado, sea con un interés personal como profesional. Freitas calcula que apenas ha escuchado unos 20 mil discos de los millones de su propiedad -esa es una de las diferencias entre el coleccionista y quien no lo es- y que de esos, su disco favorito es uno de Bidu Sayao, una soprano muerta en 1999 que canta piezas de Villa-Lobos. Por si las moscas, ya que muchas grabaciones fueron posteriores al vinilo, tiene cien mil CDs. Pero esa es otra historia.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)