19 de julio de 2014

Tres personajes de Divito para recordarlo


Por Humberto Acciarressi

Los personajes de Guillermo Divito, a 45 años de su muerte en una ruta brasilera, siguen teniendo una actualidad fascinante. Tomando al boleo tres al azar, los ponemos de ejemplo. Hipócrita, codicioso, malvado hasta límites inimaginables, traidor de sus compañeros, alcahuete del jefe e intrigante. Esas características de la personalidad de Fallutelli lo convierten en uno de los canallas más famosos del mundo de la historiera. No es casual que este sujeto de tinta haya obtenido una fama tan abrumadora. Divito, cuando lo creó, no hizo más que reproducir -y a veces no tan exageradamente- un tipo que abunda en las oficinas y en todos los ámbitos donde conviven varias y distintas personas y personalidades.


Pero para que Fallutelli haga de las suyas es necesario, como contrapartida, que existan hombres y mujeres que tengan algo de Bómbolo, otro de los personajes arquetípicos de Divito. Este gordo bonachón, ingenuo y de corazón noble, termina siempre pagando el pato por la interpretación literal de todo lo que le dicen. Está incapacitado para ver más allá de las cosas, su mirada es simple hasta la exasperación. Y esa característica de su personalidad lo convierte en un perfecto tonto. Aunque nunca se cruzaron en una historieta, Fallutelli y Bómbolo representan dos extremos -y por eso son arquetípícos- de la compleja naturaleza humana.



Cuando Divito llevó al papel a Fúlmine, ya existía el antecedente del "Jetattore" de Gregorio de Laferrere. En el imaginario colectivo, el nombre del flaco narigón y de aspecto funebrero pasó a compartir con aquel la triste sinonimia de la mufa impar. El flaco es "yeta" con su presencia, a través de objetos que le pertenecen, con su fotografía, con la sola invocación de su nombre. Tomemos el ejemplo de una tira de seis cuadros. Un delantero marca un tanto, la hinchada estalla en un grito, Fúlmine, que se había limitado a observar los festejos, grita "Gol", el árbitro, con el dedo levantado y tardíamente, sentencia "Anulado". En 1949, Bayón Herrera llevó al cine a Fúlmine, interpretado por el conmovedor Pepe Arias. El actor, sin embargo, concita compasión y hasta ternura. El flaco de los anteojos y el paraguas, sólo despierta pavor.


(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)