04 junio 2011

Un avión secuestrado por ratones


Por Humberto Acciarressi

No se conocen los nombres de los secuestradores. Que haya circulado el de Mickey parece -hasta el momento- producto de un chisme infundado. Lo cierto es que en un Boeing 767, de la aerolínea Qantas, fue obligado a aterrizar en el aeropuerto australiano de Sidney ¿El motivo? Los tripulantes descubrieron por lo menos cinco grandes ratas en la cabina de mando y, al escribirse esta columna, se buscaban otros roedores en el resto de la nave.

Los pasajeros, asqueados, fueron derivados a otra aeronave. Pagar una fortuna para viajar como en el sótano de un barco pirata del siglo XVI, ya es delirante. Pero tampoco hay que dejar de lado el peligro. Porque no hay nada que les guste más a los ratones que comerse los cables. No tengo a mano un nutricionista de roedores, pero sospecho que -en materia de gustos- después del queso vienen los cableados. Obviamente, ya hay operarios revisando esas minucias que podrían haber hecho que el avión, los pasajeros y las ratas terminaran en el fondo del océano. El portavoz de Qantas señaló al respecto: "Todavía no sé cómo llegaron a bordo, pero obviamente no es algo común". Menos mal ¿Pero vos te creés que este caso es único? Lamento decepcionarte. No lo es.

Hace apenas un mes, inspectores de salud encontraron excrementos de roedores en los estantes de comida de un avión de Delta Airlines. Y un vuelo de Air Canadá con destino a Londres fue suspendido cuando encontraron una rata con los bigotes en la masa...de una tarta. Un asco a miles de metros de altura. Pero no sólo de ratas se nutre el ecosistema de un avión. No hace mucho, en la clase business de un vuelo de American Airlines, fue descubierta una colonia de cucarachas. Ajjjjjjjj ¿Qué ocurre?, ¿está en marcha la rebelión en la granja profetizada por Orwell? Si uno de estos días hacés un viaje y la azafata te dice: "Disculpe, señor, ese asiento es del cocodrilo", quiere decir que ya estás sobrando en el mundo. Agarrá a tu mujer, despedite de tus amigos y subite al Arca.

(Publicado en la columna "El click del editor", de La Razón, de Buenos Aires)