Hace unos cuantos años, con otras voces y en otros ámbitos, se discutía de política de manera urgente, apremiante, muchas veces con la muerte pisando los talones. Con puteadas o sin ellas, los interlocutores apelaban a su ideología, que no provenía de los discursos de un saltimbanqui sino de libros que se devoraban con entusiasmo y -hay que reconocerlo autocríticamente- cierto dogmatismo. Entiéndase: esas obras no estaban redactadas por mercachifles pagados por el gobierno de turno, mucho menos si éste no era ni siquiera reformista en el argot de la época. Con errores o sin ellos, eran libros que -en ciertos casos- habían demandado una vida dedicada al estudio de los fenómenos sociales. Eran del siglo XIX y del XX, polémicos, intransigentes con todo aquello que no fuera la reflexión profunda. Filósofos, pensadores y polemistas del mundo, decenas de ellos de la Argentina, invitaban desde esos volúmenes a no caer en la superficialidad. La historia es dinámica y los cambios ocurrieron, en la mayoría de los casos, en sentido opuesto al esperado por muchos de aquellos pensadores y lectores. Pero éste no es el objeto de esta entrada. Sí lo es lamentar que algunos bobos sin carnet pontifiquen en las redes sociales y en algunos blogs sin más preparación intelectual que la que tiene un hámster; que los pensadores de ayer hayan sido reemplazados por los "repetidores-de-slogans" de hoy; y que los que años atrás se escondían en los placares, hoy se autoproclamen los salvadores de la Patria. Visceralmente concluyo: el llamado neo-liberalismo (que confunden con el capitalismo, el imperialismo, el fascismo y otros "ismos" de derecha quienes prefieren comprarse una laptop antes que un libro) puede combatirse. Contra el neo-pelotudismo, les aseguro, no hay vacuna que valga.



3 Reflexion(es):
Como les gustaria ahora a muchos
´candidatos saber tocar la flauta
de Hammelin!!!
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